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Por Paulo Emilio García
El resultado de la primera vuelta en Brasil debe encender todas las alertas. Flávio Bolsonaro, hijo de quien abrió las puertas del neofascismo en América Latina, quedó en primer lugar y disputará la Presidencia con Lula. No es una rareza brasileña: forma parte de una ofensiva que busca convertir el miedo, el odio y la frustración en fuerza política.
La disyuntiva es clara. De un lado están quienes ofrecen mano dura para los de abajo y sumisión ante los poderosos; quienes hablan de patria, pero se subordinan al extranjero; quienes prometen libertad, pero quieren arrebatársela a las mujeres, a las juventudes, a las personas migrantes y a quienes piensan distinto. Su proyecto necesita una sociedad dividida. Mientras la gente pelea entre sí, ellos concentran la riqueza y entregan la soberanía.
Del otro lado estamos quienes creemos que la libertad se conquista con derechos, bienestar y dignidad. Esa convicción se mostró en la Ciudad que con la asamblea de rendición de cuentas que encabezó Clara Brugada en el Auditorio Nacional: Utopías para democratizar el deporte, la cultura y el espacio público; un Sistema Público de Cuidados que reconozca y redistribuya las tareas de cuidado; vivienda pública y rentas asequibles para que nadie sea expulsado de su comunidad; Cablebús y transporte público para recuperar tiempo de vida, y programas sociales para acompañar a quien más lo necesita.
No son políticas aisladas: expresan un proyecto de sociedad. Una persona es más libre cuando tiene tiempo para descansar, un hogar digno, servicios públicos de calidad y una comunidad que la cuida. La derecha, en cambio, llama libertad a enfrentar en soledad la desigualdad y el abandono. En nuestra Ciudad, privatiza el espacio público, convierte la vivienda en negocio, desprecia la política social y protege a quienes siempre han tenido más.
Por eso la elección de 2027 no será solo una competencia entre partidos o candidaturas. Será una definición sobre el rumbo de la Ciudad: o vamos por más Utopías, cuidados, vivienda asequible, movilidad pública y derechos, o permitimos el regreso de quienes conciben el gobierno como un negocio y la desigualdad como algo natural.
No basta con señalar el peligro. Hay que organizar la esperanza, escuchar a la gente y construir desde las calles una mayoría consciente de lo que está en juego. Frente al odio, comunidad; frente a la subordinación, soberanía; frente a los privilegios, derechos.
Esa es la disyuntiva de nuestro tiempo y no tengo duda de qué lado estará la Ciudad de México. ¡Vamos por más derechos y más bienestar!
