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Por Lengua larga
En Miguel Hidalgo los pleitos políticos parecen tener una curiosa capacidad: nunca se quedan entre los políticos.
Y mientras Mauricio Tabe y Ana Villagrán cargan con una historia de diferencias desde que ella decidió dejar al PAN, los vecinos de Agricultura tienen problemas bastante más urgentes que cualquier capítulo de esa novela política.
Porque en Lauro Aguirre 160 no se está discutiendo quién tiene razón en una disputa partidista. Se está hablando de basura, fauna nociva, animales enfermos y un inmueble que terminó incendiándose durante la madrugada del domingo 27 de septiembre.
Los vecinos aseguran que el problema llevaba tiempo ahí. Que habían reportado la acumulación de muebles, objetos y desperdicios. Que los roedores y los insectos ya eran parte del paisaje. Y que dentro del inmueble vivían más de 40 gatos cuya reproducción, según los habitantes, se salió de control.
Pero tuvo que llegar el fuego para que aquello que los vecinos venían señalando se volviera imposible de ignorar.
Y ahí viene la pregunta incómoda: ¿cuántas veces tiene que advertir un vecino que existe un problema para que las autoridades decidan intervenir?
Porque después del incendio quedaron residuos, muebles y materiales calcinados en el exterior. También quedaron, según los testimonios de los habitantes, animales que pudieron resultar afectados por las llamas y que permanecen dentro del inmueble.
Los gatos, como siempre, terminan pagando las consecuencias de los problemas de los humanos.
Y aquí es donde el asunto vuelve a tocar a Tabe y a Villagrán.
Porque mientras sus diferencias políticas son conocidas, los vecinos no tienen por qué convertirse en daños colaterales de ninguna disputa. Mucho menos los animales.
Si el problema está en la acumulación de basura, que se atienda.
Si existe fauna nociva, que se intervenga.
Si hay más de 40 gatos viviendo en condiciones insalubres, que se valore su estado, se les dé atención veterinaria y se determine cómo rescatarlos y protegerlos.
Si después de un incendio quedan residuos en la vía pública, que se retiren.
Y si existe un riesgo para los habitantes de la zona, que Protección Civil haga su trabajo.
No parece tan complicado.
Lo complicado es que, cuando las oficinas se llenan de diferencias políticas, los problemas de la calle pueden quedarse esperando.
