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Por Jorge Gómez Naredo
@jgnaredo
Durante su discurso ante la Asamblea General de la ONU, el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, levantó la voz ante el imperialismo y el injerencismo. Algunas frases fueron contundentes:
“El año 2025 registró el mayor número de conflictos armados desde la Segunda Guerra Mundial. Billones de dólares financian una nueva carrera armamentística”. Ése es un punto fundamental: buena parte de las guerras se libran porque hay empresas que quieren vender. Es, al final, una cuestión económica. De ganar más y más y más.
“Generaciones de palestinos llevan consigo el dolor y el trauma que ha dejado el genocidio de mujeres y niños perpetrado por el gobierno de Netanyahu en Gaza”. Sí, es indignante que nadie pare al Estado de Israel en su guerra de exterminio. Son unos asesinos.
“En América Latina y el Caribe, la proximidad geográfica a la mayor potencia militar del mundo es un hecho ineludible, especialmente en un contexto de renovadas tentaciones hegemónicas”. Sí, Estados Unidos está buscando saquearnos y convertirnos en protectorados. Por eso Lula fue contundente al afirmar: “Brasil no cabe en el patio trasero de nadie”.
Lula también habló de Venezuela y de Cuba: “El pueblo venezolano merece definir su propio destino. En Cuba, el mundo observa espeluznado cómo se impone un castigo colectivo a 10 millones de personas mediante un embargo económico y energético ilegal”.
El mensaje final de Lula fue contundente respecto a la soberanía de América Latina: “No permitiremos que los enemigos de la democracia, ya sean nacionales o extranjeros, socaven la voluntad popular”.
Estados Unidos ha emprendido una estrategia para intervenir en todos los países de América Latina, y reivindicar la soberanía y el derecho de los pueblos a decidir su futuro es hoy un acto de vital importancia. Que Lula lo diga en la ONU es un acto de valentía y orgullo.
