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Por Columna Ceci Vadillo
Lo que pasó este fin de semana en el Urban 20, donde se reunieron alcaldes y representantes de ciudades de todo el mundo, entre ellos Zohran Mamdani y Clara Brugada, no es menor y vale la pena detenernos a reflexionarlo.
Mamdani se ha posicionado como una voz de resistencia frente al avance de la ultraderecha en Estados Unidos y como una esperanza para quienes defienden una ciudad abierta, incluyente y con derechos para todas las personas. Nueva York se ha convertido también en un espacio de resistencia frente a los discursos de odio contra nuestros hermanos migrantes. En ese sentido, no es menor su encuentro con nuestra jefa de Gobierno: representa una oportunidad para construir una agenda común desde las ciudades.
Hoy, cuando la ultraderecha se fortalece con discursos de odio y exclusión, así como contra la migración, las fuerzas progresistas que gobiernan grandes ciudades responden desde la apertura, la garantía de derechos y la búsqueda de igualdad. Desde ahí también se construye una agenda global que pone en el centro los cuidados, el medio ambiente, la vivienda y el combate a la gentrificación.
La idea es sencilla pero profunda: construir ciudades compartidas, donde el derecho al arraigo y al cuidado prevalezcan sobre la lógica de que sólo quienes más recursos tienen pueden habitarlas. Las ciudades son laboratorios de políticas públicas capaces de ofrecer respuestas a problemas que trascienden fronteras.
Durante décadas, en México miramos hacia el norte como ejemplo de cómo gobernar una gran ciudad. Pero hace un tiempo, la mirada cambió de dirección. En el Urban 20, Mamdani reconoció a la Ciudad de México como un referente al que otras ciudades pueden recurrir para encontrar respuestas, particularmente frente a la crisis de los cuidados.
En los años del neoliberalismo, esa relación parecía tener un solo sentido: Nueva York era el modelo y la Ciudad de México, uno de los lugares de donde salían trabajadoras y trabajadores. Hoy la conversación puede plantearse desde otro lugar: entre pares.
Mamdani habló de las Utopías como una experiencia de referencia y destacó la necesidad de garantizar dignidad a las personas trabajadoras. También puso como ejemplo el sistema de cuidados que se construye en la capital, el cual convierte en servicio público una responsabilidad que durante generaciones recayó, sin pago ni descanso, sobre el tiempo de las mujeres.
Por su parte, Clara Brugada llevó a la mesa los avances en materia de vivienda y planteó una agenda que combina vivienda social, regulación del mercado inmobiliario y participación de las comunidades, como respuesta a la gentrificación y el alza de las rentas.
Brugada lo resumió en una frase que vale la pena guardar: “las ciudades no deben convertirse en lugares donde sólo puedan vivir quienes más tienen”. En eso, Nueva York y la Ciudad de México tienen una tarea común: construir ciudades para todas y todos.
