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Por Ana E. Rosete
Tres mujeres quieren la alcaldía
Hay algo que la política todavía no termina de entender: cuando las mujeres llegan a disputar el poder, ya no basta con preguntar quién tiene más estructura, más padrinos o más operadores. También hay que mirar qué representan y, sobre todo, qué intereses están dispuestas a defender.
La Cuauhtémoc se perfila como uno de los grandes territorios de disputa rumbo a 2027. Alessandra Rojo de la Vega sabe que conservar la alcaldía significa mantener un bastión opositor en el corazón político de la Ciudad de México. Morena, por su parte, sabe que recuperarla no sería una alcaldía más: sería arrebatarle a la oposición uno de sus escaparates más visibles.
Y en esa pelea aparecen nombres de mujeres.
Diana Sánchez Barrios ya levantó la mano. Su historia política está profundamente ligada a la Cuauhtémoc, al comercio en vía pública y a una base territorial que conoce las calles, los mercados y las organizaciones de la demarcación. Su eventual candidatura pondría frente a frente dos mujeres que ya conocen el sabor de la confrontación política.
Pero Citlalli Hernández también está en el tablero, aunque hasta ahora ha evitado confirmar que buscará la candidatura. Su eventual llegada cambiaría las coordenadas de la disputa: no sólo por su trayectoria dentro de Morena, sino porque representaría el desembarco de una figura nacional en una alcaldía que el partido quiere recuperar.
Y aquí saco mis gafas moradas.
Porque sería muy cómodo reducir esta historia a “tres mujeres peleándose una alcaldía”. No. Estamos viendo algo mucho más profundo: mujeres disputando territorio, poder y capacidad de decisión en una ciudad donde durante décadas esos espacios estuvieron reservados, principalmente, para hombres.
El feminismo no consiste en aplaudir a cualquier mujer simplemente porque sea mujer. Consiste en exigir que cuando una mujer llegue al poder, ese poder sirva también para cambiar las condiciones de vida de otras mujeres.
Por eso habrá que preguntarles a las tres: ¿qué harán con las comerciantes? ¿Con las trabajadoras? ¿Con las mujeres que viven violencia? ¿Con las madres que atraviesan la alcaldía todos los días? ¿Con quienes ocupan el espacio público para ganarse la vida? ¿Con las jóvenes que quieren caminar seguras?
Porque gobernar Cuauhtémoc no es administrar una fotografía política. Es administrar una de las alcaldías más complejas y simbólicas de la capital.
Y mientras los partidos hacen cuentas, las mujeres tendremos que hacer preguntas. Con las gafas moradas bien puestas.
