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Durante el sexenio anterior, muchos de los llamados “cuadros” de la 4T se eligieron más por su utilidad para formar un capital robusto que pudiera representar el proyecto político de López Obrador; el pragmatismo se entendió y hasta se justificó, en tanto se preparaba “sangre nueva” a través del Instituto de Formación Política, al menos, eso dijeron. Sin embargo, en los recientes días pudimos ver a los postulados para diferentes estados. Nadie sabe cómo se eligieron, nadie tiene acceso a las encuestas porque no están en línea, como anteriormente sucedió, con el proceso de los discutibles “coordinadores”. Cobijados en ello, los últimos “destapados” fueron: Julieta Ramírez, por Baja California, a quien se le liga a Adán Augusto; Eugenio “Gino” Segura por Quintana Roo, cercano a la actual gobernadora Mara Lezama; Verónica Díaz por Zacatecas, excuñada de Ricardo Monreal; y la que ha hecho más ruido es Beatriz Mojica Morga para Guerrero, ya que ha pasado del PRD al PT y de ahí a Morena. Pasó de levantar la mano de Ricardo Anaya, a denostar la figura de López Obrador tachándolo de misógino y autoritario, cuando lo cierto es que la senadora con licencia ha denunciado a periodistas tachando la crítica como “actos de propaganda insidiosa, difamatoria, denostativa e injuriosa”.
Las quejas de la militancia no se han hecho esperar y la decepción es la palabra que más se usa con bastante enojo. ¿Dónde están las bases? ¿Por qué tienen que recurrir a gente ligada a los Monreal, a Adán Augusto, a la gobernadora en turno o a francos chapulines? No se trata de ganar por la marca AMLO, se trata de no perder lo que se ha ganado, pero las voces de Epigmenio Ibarra y de Citlalli Hernández ya han salido a defender el proceso (que no conocemos porque no es público) y apelan a que la militancia se trague los sapos de nuevo, como ya se tragó antes a los cuadros que eligieron Mario Delgado y Citlalli Hernández y que han resultado en algo más parecido al viejo PRI que a la izquierda.
Se olvidan otra vez las dirigencias de que es el pueblo, las bases, las que los llevaron adonde están ahora y que son a ellos a quienes se les debe respeto y honestidad y no respuestas como: “cállate y madura”. El “no mentir, no robar y no traicionar” ha quedado como un simple lema que alguien dijo y no como un objetivo; las dirigencias siguen sordas y piden silencio a la militancia… ¿por qué? ¿Acaso la izquierda no es, en esencia, contestataria? Cuidado, porque el pueblo pone y el pueblo quita.
Ana María Vázquez
Dramaturga/Escritora
@Anamariavazquez
