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EL PUEBLO MANDA

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CECI VADILLO

Lo que celebramos en la Cuarta Transformación

En 1990, 56 de cada 100 personas dijeron estar muy orgullosas de ser mexicanas. Hoy es el 87%, de acuerdo con la medición publicada por El Financiero. Son 31 puntos de diferencia entre un país que encumbraba el neoliberalismo y el México de hoy.

Porque Morena no solo implicó una transformación de la vida económica de nuestro país en busca de mayor igualdad, también cambió el significado de lo que implica ser mexicano.

Desde la búsqueda incansable de nuestra soberanía económica y alimentaria, hasta reconocer que los valores de las culturas prehispánicas son fundamentales para nuestra identidad. Hoy el gobierno de la presidenta pone en el centro a las mujeres indígenas que durante décadas fueron invisibilizadas. Se terminó el tiempo en que se alababa lo extranjero mientras se despreciaba lo propio.

También recuperamos la dignidad frente al mundo. Ante las amenazas de Estados Unidos, México ha mantenido la cabeza en alto y ha defendido nuestra soberanía.

El país de 1990 nos intentaba enseñar lo contrario. Según el discurso priísta de Salinas de Gortari, éramos una nación incapaz de competir, que debía abrir sus fronteras para aprender a trabajar y exportar mano de obra barata porque no le daba para más.

Así llegamos a 2018: México era el país que más horas trabajaba de toda la OCDE, más de 2,200 al año, casi 900 más que Alemania, y al mismo tiempo el de los salarios más bajos. Al pueblo se le celebraba únicamente en el folclor.

Revertir eso no fue retórica. El salario mínimo ha crecido más de 150% y, en ese mismo periodo, 13.4 millones de personas salieron de la pobreza, de acuerdo con el INEGI. Y el 1 de mayo se publicó la reforma a la Ley Federal del Trabajo que llevará la jornada de 48 a 40 horas semanales. Porque descansar nunca debió ser un privilegio de la élite: es un derecho de quien sostiene al país con su trabajo.

La misma encuesta deja una advertencia: entre los baby boomers el orgullo llega al 93%; entre la generación Z se queda en 80%. No porque las juventudes quieran menos a México, sino porque no tienen con qué compararlo. Quienes vivieron el neoliberalismo miden el presente contra aquello y ven el avance; quienes nacieron después heredaron este país y exigen que su vida siga mejorando.

A nosotros nos toca seguir construyendo, pero siempre con memoria histórica para recordar cuánto ha costado llegar hasta aquí.

El camino iniciado por López Obrador y continuado por nuestra presidenta Claudia Sheinbaum demuestra que la dignidad de un pueblo no se proclama en un discurso: se construye con el humanismo mexicano.

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