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Conflictos en Palacio

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Eduardo López Betancourt

Ser Presidente de un País como el nuestro exige una sólida preparación, pero sobre todo, contar con los consejeros adecuados en cada caso.

La Jefa de Gobierno mexicana posee una formación consistente, lo que le ha permitido atender problemas torales, muchos de solución imprecisa y poco gratos. La relación con Estados Unidos es, por sí misma, compleja, pero lo es mucho más ahora que Trump mantiene una postura radical, donde la prudencia y la sensatez constituyen la mejor defensa.

En otros ámbitos, la Jefa del Estado debe actuar con inteligencia y no involucrarse en renglones debatibles. Delegar y responsabilizar a los colaboradores es esencial para el éxito gubernamental. Es cierto que expresar opiniones es un derecho legítimo que debe respetarse y valorarse en todos, excepto cuando pueda generar malentendidos y provocar división, lo que en nada contribuye a la eficacia del gobierno.

En ese sentido, los puntos de vista presidenciales sobre el Instituto Nacional Electoral han desatado comentarios intensos en tres aspectos: la asistencia de la Secretaría de Gobernación al acto inaugural del proceso electoral, el presupuesto del organismo y el cambio de colores que ha implementado.

Es indudable que la mandataria tiene todo el derecho a expresar su criterio, el cual debe ser escuchado y respetado, pero también es cierto que genera opiniones divergentes que provocan desconcierto y pueden opacar el trabajo pulcro de un gobernante.

Al final, el próximo año será decisivo para México, no solo por el proceso electoral más intenso y con mayor número de candidaturas, sino porque se observará si la ciudadanía otorga un voto de confianza al actual gobierno. Por cierto, la inmensa mayoría de encuestas coinciden en que el partido gobernante se afianzará precisamente el próximo año, lo cual implica un gran deber. Tener el control absoluto de los factores y aspectos que implican la gobernanza de un estado, lleva consigo una gran responsabilidad; esto es, que la ciudadanía satisfaga sus preocupaciones, inquietudes y proyectos, sin que, para nada, la desilusión o la desesperanza aparezca.

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