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Cuando los hermanos se encuentran

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Por Xóchitl Bravo Espinosa

Ha imágenes que, sin necesidad de demasiadas palabras, explican una época.

Vicente Fox llegó a la Presidencia en el año 2000 con una promesa que sintetizaba el ánimo de cambio de millones de mexicanas y mexicanos: sacar al PRI de Los Pinos. Después de 71 años de gobiernos priístas, aquella alternancia fue presentada como el inicio de una nueva etapa para México.

Veintiséis años después, la historia nos regala una de esas ironías que difícilmente podrían escribirse mejor: Vicente Fox llegó a la sede nacional del PRI para reunirse con Alejandro Moreno.

El hombre que hizo de la ruptura con el priísmo una bandera política, hoy aparece en la casa del partido que alguna vez prometió dejar atrás. Y no llegó para recordar viejas diferencias, sino para hablar de construir una oposición.

La fotografía dice mucho más que un encuentro entre dos personajes. Habla de un reacomodo político: de quienes, después de haber ocupado durante décadas los espacios de poder, buscan reencontrarse y presentarse nuevamente como alternativa.

Cambian los discursos, las alianzas y las estrategias, pero permanece la intención de recuperar el poder desde las mismas cúpulas que durante tantos años decidieron por la mayoría. El problema es que México ya cambió. La ciudadanía ya no es espectadora. Participa, cuestiona, exige resultados y ha demostrado que el poder puede cambiar de manos cuando el pueblo decide hacerlo.

Por eso, el encuentro entre Fox y Alito debe ser también una llamada de atención para quienes defendemos la transformación. No podemos confiarnos. Si ellos se reorganizan, nosotros tenemos que organizarnos más. Si ellos buscan regresar al pasado, nosotros tenemos que defender el futuro. Si ellos quieren que la política vuelva a decidirse entre dirigentes y cúpulas, nosotros debemos mantenerla donde siempre debió estar: con la gente.

Porque la transformación no es propiedad de un partido ni de una persona. Es una decisión histórica de millones de mexicanas y mexicanos.

Que nadie se equivoque: el viejo régimen puede intentar volver, pero México ya decidió avanzar. Y quienes creemos en la transformación no vamos a dar un paso atrás.

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