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Por Gustavo Infante Cuevas
El regreso de Andy Ruiz al ring terminó siendo mucho más que una derrota: fue una llamada de atención. Después de 762 días de inactividad, el excampeón mundial volvió con la obligación de demostrar que todavía tenía un lugar entre los mejores pesos completos. La respuesta, al menos ante Damian Knyba, fue preocupante.
El polaco aprovechó su enorme estatura y alcance para mantener a Ruiz lejos durante buena parte de los 12 rounds. Andy avanzaba, pero pocas veces encontraba la distancia para soltar esas combinaciones explosivas que alguna vez lo llevaron a conquistar el mundo. La escena más alarmante llegó en el séptimo asalto, cuando Knyba lo mandó a la lona y estuvo cerca de provocar la detención.

Ruiz sobrevivió, reaccionó en los rounds siguientes y terminó de pie, pero las tarjetas fueron contundentes: 117-110, 114-113 y 114-113 para Knyba. El mexicano sufrió así una derrota que deja más preguntas que respuestas.
Y aquí está el verdadero problema: no perdió simplemente contra un rival más alto. Perdió mostrando poca actividad, lentitud y dificultades para entrar a la distancia. Timothy Bradley y Shawn Porter incluso cuestionaron si debería continuar.
Ruiz asegura que quiere seguir. Pero a los 36 años, después de otra larga pausa y con una carrera que parece alejarse cada vez más de aquella noche mágica contra Anthony Joshua, la pregunta inevitable ya no es cuándo volverá a ser campeón.
La pregunta es mucho más dura: ¿Andy Ruiz todavía puede regresar a la élite… o su regreso fue el principio del final?
