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Por Juan R. Hernández
Hay quienes buscan sentenciar a Paulo Emilio García antes de que inicie su gestión al frente de Morena en la Ciudad de México, presentándolo como un dirigente sin fuerza ni estructura y hasta como responsable anticipado de una eventual derrota en 2027. Sin embargo, lo ocurrido este viernes muestra otra realidad: Paulo no llega solo.
Liderazgos políticos, diputados locales, legisladores federales y organizaciones sociales comenzaron a cerrar filas con el joven dirigente. En un partido donde las corrientes y liderazgos territoriales pesan, este respaldo no es menor.
Uno de los apoyos más relevantes fue el de Alfonso Ramírez Cuéllar, vicecoordinador de Morena en la Cámara de Diputados, quien afirmó que la llegada de Paulo fortalece al movimiento en la capital y planteó como meta recuperar terreno en Cuauhtémoc y construir fuerza en las 16 alcaldías.
El diputado local Pablo Trejo resumió: “Morena pierde a un buen legislador, pero gana un dirigente para la Ciudad”. También se sumó el Movimiento Construyendo el Segundo Piso, encabezado por Ian Cárdenas, que anunció respaldo y una movilización en la Plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco, junto a García.
La dirigencia capitalina no se definirá desde una oficina ni por elecciones ganadas, sino por la capacidad de unificar grupos, organizar territorio y movilizar estructuras. Paulo representa una generación joven formada dentro del movimiento, en un momento en que Morena requiere renovación y menos disputas internas.
La elección de 2027 será una prueba dura: defender alcaldías y recuperar territorios perdidos. Pero adjudicarle desde ahora una derrota sería tan apresurado como anticiparle una victoria. Por ahora, la fotografía política muestra a dirigentes y organizaciones cerrando filas con él. El mitin de Tlatelolco será su primera oportunidad para demostrar músculo político.
El 2027 dará el veredicto. Paulo apenas comienza.
