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Por Sabina Berman
En fecha reciente, conversé con Mariana Mazzucato, la influyente economista italo-inglesa, sobre sus recomendaciones al Plan México del gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum.
En esta entrega transcribo lo que dijo sobre su recomendación central. México debe dejar de administrar problemas y empezar a crear misiones, si su meta es el crecimiento compartido por todos.
La conversación completa pasará próximamente en el programa que conduzco para el Canal 14 y el Canal 11, Largo aliento, pero dada la densidad de las respuestas de Mariana, y su interés, publico este adelanto.
Sabina:
Mariana, ¿cuál fue tu recomendación principal al Plan México?
Mariana:
Argumentamos que el Plan México sigue estructurado en torno a áreas verticales. Agua, energía, salud, economía, infraestructura: esas son las principales áreas verticales.
Y lo que planteamos es que para enfrentar un problema clave que tiene México, que es el bajo nivel de inversión pública, y también el de un sector financiero que históricamente ha invertido muy poco en el lado productivo, estas areas se conviertan más que en problemas en misiones muy concretas. Misiones que requieren de una coordinación intergubernamental, de una coordinación interministerial, pero también una mayor coordinación de las herramientas reales que el gobierno mexicano tiene a su disposición. Es decir, pensamos que había una arquitectura del plan que podría mejorarse.
S:
¿Cuáles son las misiones que tienes detectadas y que sugieres adopte el gobierno?
M:
Ese no es mi papel. Nunca pensaría que debería ir con un gobierno y decirle cuáles son sus misiones. Dije: “tienen el Plan México; está organizado en áreas verticales; sería mejor que se organizara como misiones.” Y di un ejemplo de una misión muy concreta, dado que en México se habla de los problemas del agua.
Hay un Plan de Agua y dijimos que el objetivo de la presidenta de limpiar los ríos podría convertirse en una misión muy ambiciosa, lo que puede acelerar la innovación, la inversión y la capacitación. Así que el ejemplo que dimos fue partir del amplio reto que tiene el gobierno en torno a la soberanía del agua para la prosperidad compartida, y convertirlo en una misión concreta, en la que trabajamos con la Semarnat.
Así que restaurar la cuenca de Tula para el año 2030 se podría considerar una misión. ¿Qué significa esto para la forma en que el gobierno trabaja entre la Secretaría de Energía, la Secretaría de Medio Ambiente y la Secretaría de Salud, la Secretaría de Hacienda y la Secretaría de Economía? Además, ¿puede el gobierno, a través de sus herramientas, tener una relación menos clientelista con el sector privado?
Por ese lado, se necesita que las compras públicas actúen como instrumentos del gobierno que ayuden a crear un mercado para las pequeñas y medianas empresas que trabajan con el gobierno en la restauración de la Cuenca del Río Tula, permitiéndoles crecer de verdad y expandirse.
S:
Otros países han encontrado nichos para que el país se vuelva exportador. ¿Qué nichos distingues en México?
M:
Es una pregunta muy importante, sobre todo en Latinoamérica, donde en muchos países, los gobiernos se han centrado demasiado en uno o dos sectores. Por ejemplo, Chile y Argentina, han sufrido lo que se llama la “maldición de los recursos naturales”.
Demos un ejemplo concreto. En Chile, el presidente Boric se aseguró de que la forma en que se extraía el litio se hiciera de forma correcta. Esto implicaba un menor consumo de agua, que el proceso fuera más sustentable, que hubieran buenas condiciones laborales para los trabajadores de esas plantas y un trato respetuoso hacia las comunidades locales.
No digo que lo hayan hecho a la perfección. El punto es que el poder de una misión radica en que la forma con la que se apoya a un sector quede condicionada a que el sector haga un buen trabajo que dé prosperidad a muchos, en lugar de recibir un subsidio, una ayuda, un rescate financiero o un incentivo fiscal.
S:
Es decir, usar el litio no solo para exportarlo, sino para desarrollar una nueva industria.
M:
Dije (al gobierno de Claudia Sheibaum) que necesitamos alejarnos de las alianzas público-privada parasitarias y clientelistas para avanzar hacia una alianza basada en la reciprocidad.
¿Cómo utilizar las herramientas (del gobierno), ya sea un préstamo, un subsidio o las contrataciones públicas, para alentar a empresas de distintos sectores a trabajar con el gobierno para resolver un problema concreto? ¿Y cómo podemos utilizar la extracción de un recurso para desarrollar una nueva industria?
Suelo usar el ejemplo de Dinamarca porque es un país diminuto. Es muy interesante ver cómo se han convertido en un líder mundial en servicios verdes digitales de alta tecnología a través de la misión de Copenhague.
Copenhague quería ser la ciudad más verde del mundo, y el alcalde acabó trabajando con las startups locales para ofrecer viviendas sostenibles, transporte sostenible y alimentos sostenibles para los comedores escolares.
Hoy, Dinamarca es el proveedor número uno de China de servicios verdes digitales de alta tecnología. Y no exporta solo energía verde; exporta conocimiento y tecnología.
Y creo que las lecciones para México son enormes, porque si pensamos, de nuevo, en los problemas relacionados con la salud, con la energía limpia, con la alimentación, con el agua, que son fundamentales para el Plan de México, ¿cómo convertirlos en problemas cuyas soluciones escalen en la cadena de valor?
S:
Mariana, una de las palabras que aparece mucho en el Plan México es “innovación”. ¿Cómo puede México ser innovador? No traer la innovación a nuestro país, sino ser innovador.
M:
El crecimiento es impulsado por la inversión y la innovación. Históricamente, México ha tenido bajos niveles de inversión e innovación. Eso ayuda a explicar su bajo crecimiento. De hecho, el gasto en investigación y desarrollo en México se redujo de cerca del 0.4 % del PIB (producto interno bruto) al 0.25 % en 2024. Es uno de los niveles más bajos de la OCDE. Eso no es bueno.
Ahora bien, cualquier país puede decir: “aumentaremos la investigación y el desarrollo, y aumentaremos la innovación”. No conozco ningún país que no lo diga. Es un eslogan hermoso. La pregunta es cómo transformar ese eslogan en misiones, para lograr realmente las metas que se ha fijado el Plan México.
S:
Y, supongo, ¿cómo lograr que el cumplimiento de esas metas produzcan no solo crecimiento, sino crecimiento compartido, que es un concepto que se reitera en el Plan México?
M:
Antes que nada, hay que decir que no es un concepto muy original. En toda América Latina, por ejemplo en el gobierno de Gustavo Petro en Colombia, también se habla de prosperidad compartida y de economía popular. La pregunta es cómo lograr que no sea solo un eslogan, sino una realidad. Y justamente de eso trata nuestro informe.
La prosperidad compartida significa que el crecimiento llegue a todos. Para ello hay que construir un nuevo modelo de desarrollo que no solo genere crecimiento, sino que haga que ese crecimiento se distribuya territorialmente, para que no prospere una región mientras otra se queda atrás; y que beneficie a las distintas comunidades, a los pueblos indígenas, a los trabajadores y a toda la sociedad. Además, debe apoyarse en una estrategia industrial —por ejemplo, aprovechando el nearshoring.
Es decir, el objetivo final es un crecimiento que maximice el bienestar social, reduzca la pobreza y fortalezca la integración regional.
Por eso, en el informe que escribí, planteo algunos retos al gobierno y propongo formas de hacer realidad esa visión.
En un país con tanta desigualdad y vulnerabilidad, donde alrededor del 55% del empleo es informal, esa pregunta es fundamental. Además, los trabajadores reciben una parte muy pequeña del ingreso nacional. Aunque el PIB tiene limitaciones como indicador, sí permite medir qué proporción de la riqueza va al trabajo.
En México esa participación es de apenas alrededor del 32% del PIB, muy por debajo de países como Chile, donde ronda el 65%. En Brasil es cercana al 63%, un nivel similar al de Alemania.
Entonces la pregunta es: ¿cómo lograr que los trabajadores reciban una mayor parte de la riqueza que genera el país? ¿Y cómo hacer que el Plan México no sea solo un proyecto diseñado desde arriba, por técnicos o por las élites, sino que incorpore la voz de las comunidades, de los trabajadores y de los pueblos indígenas?
Eso es precisamente lo que propongo en mi informe: que la prosperidad compartida deje de ser un eslogan y se convierta en una realidad.
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S:
Mariana, ¿por qué a ti, como economista, te interesa en especial México?
M:
Por dos razones. La primera es personal: estudié en la UNAM en 1989 y dejé ahí una parte de mi corazón.
La segunda es que México tiene un proyecto progresista. Hoy no hay muchos gobiernos en América Latina con una visión de ese tipo. Están Brasil, con Lula; Guatemala, donde también estuve porque el presidente había leído mis libros; y México.
Lo que me interesa de un gobierno progresista no es solo que distribuya la riqueza. Lo importante es que sea capaz de crear riqueza de una manera distinta desde el principio.
De eso trata mi nuevo libro, The Common Good Economy, que pronto aparecerá en español. La idea es que, para alcanzar el bien común, tienen que cambiar las relaciones entre el Estado, las empresas, el capital, los trabajadores y la ciudadanía.
Por eso México me parece tan interesante. Tiene un plan ambicioso, pero también enormes desafíos: un Estado que debe fortalecerse, un sector privado que debe transformarse y una desigualdad muy profunda.
Nuestro objetivo es aportar ideas para que el Plan México funcione mejor. Podemos equivocarnos, por supuesto. También hay muchos académicos y empresarios mexicanos haciendo aportaciones valiosas.
Lo que proponemos es una manera distinta de crear riqueza y de repartirla desde el principio entre todos los que la generan: trabajadores, comunidades indígenas, empresas y sociedad.
S:
Para que no termine concentrándose en el 1%, como ocurrió durante la etapa neoliberal, y sigue ocurriendo.
M:
Queremos crear riqueza de una manera distinta y compartirla desde el principio.