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La deuda de la izquierda con la editorial Era

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Todos los días pasaba por aquella farmacia, era el camino obligado a la primaria, en sus escaparates no había medicinas sino baratijas, regalos y en el centro, a la entrada del local, un exhibidor de Novaro que tenía, no solamente libros de esa editorial, sino de otras.

Uno me llamó la atención, por el título, la portada, no sé, el logo de la editorial era el de una figura humana estilizada y solamente tres letras en el nombre: ERA. En aquel entonces, un libro, por más económico que fuera representaba un gasto que no nos podíamos permitir, así que me prometí juntar, de lo poco que me daban para gastar en el recreo, para regalarme aquel libro a fin de curso. Pasé por ahí los cinco días de la semana durante meses, y aquel libro estaba ahí, parecía esperarme. Rogaba porque no se vendiera antes que yo pudiera juntar lo suficiente; pasó el primer mes y el segundo y así, el libro se fue ajando por estar en el exhibidor, pero me esperaba y yo lo quería sin importar que el sol y el viento comenzaran a desteñirlo, “ya falta poco”; la figura en la portada seguía ahí, sentada, como esperándome.

El día llegó y pude al fin tener esa joya en mis manos: Lees y relees ese anuncio: una oferta de esa naturaleza no se hace todos los días. Lees y relees el aviso.

Parece dirigido a ti, a nadie más. Aura, de Carlos Fuentes, el primer libro que compré siendo niña y que “me habló de tú”. Con el tiempo vinieron más de esa misma editorial: Poniatowska, Rojo, García Márquez, Pacheco, no hubo un solo libro que me decepcionara, una portada que no fuera magistral, era el cuidado en la impresión de cada joya y lo que representaba: la memoria de la cultura mexicana. No se podría explicar la historia cultural de nuestro país sin la extraordinaria labor de Era que hoy, lamentablemente ha anunciado su cierre, devorada por la modernidad, por Tik Tok, por los monstruos editoriales que acaparan el mercado y que prefieren publicar a Elena Chávez o a una periodista que desvaría con la IA. La izquierda mexicana tiene una gran deuda con esta valiente editorial, cuya colección, quizá sea vendida a esos grandes que contribuyeron a ahogarla.

Ya algunos políticos como Javier Corral, conscientes del valor histórico que representa, han alzado la voz para encontrar “formas de apoyo y respaldo”.

Por lo pronto, lectores y la comunidad cultural estamos con la flecha clavada por la carta difundida con los motivos de su cierre.

Ojalá, como en Aura, la anciana Consuelo nos diga lo mismo que a Felipe Montero: “Volverá, Felipe, la traeremos juntos. Deja que recupere fuerzas y la haré regresar”

Ana María Vázquez

Dramaturga/Escritora

@Anamariavazquez

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