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La semana pasada estuvo en boca de todos la escena de un legislador del PRI agrediendo a su colega de curul tras una conferencia. No lo confrontó en tribuna ni hizo falta usar palabra alguna: llegó a encararlo y sujetarlo del cuello, mientras decenas de cámaras documentaban su numerito. Acto seguido, su líder nacional, Alito Moreno, aplaudió estos actos de cavernicolismo político. No es casualidad ni un hecho aislado: es una estrategia deliberada de quienes perdieron la simpatía de la gente en las calles.
En noviembre de 2025 protagonizaron la “Marcha de la Generación Z”, mejor conocida como “Farsa Z”: supuesta movilización juvenil que terminó con decenas de encapuchados enfrentándose con la policía, con picos, machetes y piedras. Revelamos que dirigentes del PRI contrataron a porros del norte de la ciudad para armar este show. Sus alcaldes practican la misma táctica. Basta ver los operativos de vía pública de Alessandra Rojo de la Vega: primero, el guamazo para TikTok; después, la concertación institucional.
Aunque hoy no lo parezca, hace poco en el PRI había formación de cuadros y por sus filas pasaron mentes brillantes. Aunque convalidaban a un partido que representó autoritarismo, corrupción y violencia política, hacían un esfuerzo por construir un proyecto y explicar la realidad en sus términos. Por el partido que dirige Alito pasaron Vicente Lombardo Toledano y Jesús Reyes Heroles; además, en sus gobiernos participaron intelectuales como Daniel Cosío Villegas, Octavio Paz o Carlos Fuentes, embajador en Francia.
Esta deriva porril y violenta tampoco es casualidad. Las encuestas coinciden en que el PRI es el partido con mayor rechazo: entre siete y ocho de cada diez personas nunca votarían por él. Han intentado bailes, relanzamientos y memes, pero nada revierte el rechazo ciudadano. Al perder la batalla por la narrativa pública, apostaron por la confrontación, la violencia y el entreguismo. En vez de recorrer el país, Alito pasa más tiempo en la OEA y en oficinas del Gobierno de Estados Unidos, esperando que claudique la transformación, aunque sea por la fuerza.
Pero aquí ni nos callan ni nos intimidan. Seguiremos denunciando la monstruosa corrupción que representó el paso de ese personaje por el Gobierno de Campeche y seguiremos exhibiendo los ataques violentos que se organicen desde las oficinas del PRI para calentar la calle. Tonto aquel que cree que el pueblo es tonto. La gente tiene la última palabra y ya decidió la suerte del partido que alguna vez lo gobernó todo.