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César A. Muñoz
Ciudad de México.- La alcaldía Tláhuac dirigida por Berenice Hernández enfrenta una creciente presión urbana sobre sus terrenos agrícolas, mientras construcciones y asentamientos avanzan sobre un territorio donde los pueblos originarios todavía mantienen viva una de las últimas zonas rurales de la capital, poniendo en riesgo tierras de cultivo y el patrimonio de sus comunidades.
La propia alcaldía reconoce la existencia de 93 asentamientos humanos irregulares dentro del suelo de conservación, donde vivirían alrededor de 30 mil personas, en una demarcación que mantiene seis mil 470 hectáreas de suelo de conservación, equivalentes al 75.81% de su territorio.

En entrevista para Diario Basta!, Clemencia Santos, investigadora del Instituto de Geografía de la UNAM, señala que el concreto está cercando a Tláhuac, si no se frena la expansión de los asentamientos, sus pueblos pueden terminar rodeados de construcciones y perder una de las últimas zonas rurales que le quedan a la Ciudad.
“El dato más preocupante no es solamente cuántas construcciones existen, sino lo que ocurre cuando empiezan a multiplicarse. Una casa puede parecer insignificante, pero cuando aparecen decenas, el territorio comienza a cambiar de manera irreversible”, advierte Clemencia Santos.
Entre los pueblos y zonas señalados por la especialista urbana se encuentran San Francisco Tlaltenco, Santiago Zapotitlán, San Juan Ixtayopan, San Andrés Mixquic y la Sierra de Santa Catarina, territorios donde las actividades agrícolas y los espacios de conservación conviven cada vez más cerca de nuevas construcciones.
“El problema es que el suelo de conservación no se recupera con la misma velocidad con la que se construye una vivienda. Una casa puede levantarse en meses; recuperar un ecosistema puede tomar décadas”, concluyó.