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El uniforme también hace política

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Por Lengua Larga

Hay emergencias que requieren bomberos, paramédicos, especialistas y personal capacitado. Y hay políticos que parecen creer que también requieren una buena dosis de reflectores.

La explosión en un restaurante de la colonia Roma dejó una escena delicada: personas heridas, daños materiales y una zona que necesitaba atención inmediata. En medio de eso apareció Alessandra Rojo de la Vega, alcaldesa de Cuauhtémoc, quien llegó al lugar, permaneció alrededor de media hora, ofreció entrevistas y después se retiró.

Hasta ahí, podría decirse que cumplió con su obligación de presentarse ante una emergencia ocurrida dentro de su demarcación. El problema, y aquí empezó el coro de críticas, fue la forma.

Porque la alcaldesa no llegó precisamente de civil. Portaba un uniforme de Protección Civil. Y ahí es donde la pregunta resulta inevitable: ¿qué función operativa desempeñaba con ese uniforme?

No es un accesorio para la foto. Protección Civil implica protocolos, capacitación y personal especializado. En una emergencia, cada persona que ingresa a una zona de riesgo debe tener una función clara. Por eso, entre ciudadanos y políticos surgió el cuestionamiento de si la presencia de la alcaldesa estaba ayudando a la operación o si, por el contrario, estaba ocupando un espacio que podía ser utilizado por alguien con funciones técnicas.

Y vaya que las redes hicieron lo suyo.

La imagen de Alessandra con casco y uniforme terminó convirtiéndose casi en el protagonista paralelo de la tragedia. Mientras los cuerpos de emergencia atendían la situación, la discusión política se fue por otro lado: ¿era indispensable que la alcaldesa estuviera ahí con esa indumentaria? ¿Quién la autorizó? ¿Qué función estaba desempeñando? ¿Y por qué, si su visita duró aproximadamente media hora, la prioridad parecía ser también atender a los medios?

Porque en política, ya se sabe, una cosa es estar presente y otra muy distinta es hacer presencia.

La alcaldesa tiene derecho, y hasta obligación, de acudir cuando ocurre una emergencia en Cuauhtémoc. Pero precisamente por el cargo que ocupa, su presencia debería servir para coordinar, informar y garantizar que los recursos de la alcaldía estén disponibles, no para convertir el lugar de un accidente en una pasarela institucional.

Y aquí viene lo incómodo: en una emergencia, el protagonismo sobra.

La ciudadanía no necesita ver al funcionario más cerca de las cámaras; necesita saber que detrás de las cámaras hay un gobierno que está funcionando. Que los protocolos existen. Que los especialistas están trabajando. Que nadie está improvisando.

La crítica, entonces, no debería reducirse a si Alessandra estuvo treinta minutos o si dio entrevistas. El verdadero debate es si su presencia aportó algo a la atención de la emergencia y si el uso del uniforme correspondía a una función específica.

Porque un chaleco de Protección Civil no convierte a nadie en especialista, del mismo modo que ponerse un casco no convierte a un político en rescatista.

Y si algo debería haber aprendido la clase política después de tantas tragedias, es que en una emergencia la foto puede esperar.

La gente no.

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