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Constitución de 1812

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Por Eduardo López Betancourt
elb@unam.mx

El mundo hispanoamericano experimentó un cambio radical cuando se aprobó en Cádiz la Constitución Política del Imperio Español, conocida como “La Pepa” en virtud de que fue promulgada precisamente el 19 de marzo, día de San José. Se trató de un texto de esencia profundamente revolucionaria que, de manera contundente, redujo el poder monárquico y otorgó al pueblo un sinnúmero de derechos que terminaron por sepultar el absolutismo.

Su vigencia, en efecto, se limitó a periodos breves, pues terminó por chocar con los poderes fácticos, lo que le impidió consolidar su éxito. Sin embargo, ello no impidió que se convirtiera en un antecedente fundamental para las luchas liberales posteriores.

Es preciso reconocer también la participación de figuras brillantes, entre ellas Diego Muñoz Torrero, a quien puede considerarse el padre de la Constitución de 1812: no solo fue su principal impulsor, sino que tuvo intervenciones decisivas en la redacción del texto que finalmente aprobaron las Cortes de Cádiz.

Cabe precisar que fue Muñoz Torrero quien consideró indispensable instaurar en España el concepto de soberanía nacional, es decir, la condición de que por encima de ella no existiera absolutamente nada capaz de someterla.

Resulta igualmente relevante su pensamiento respecto a la separación de poderes. Si bien para entonces ya se aceptaba la existencia de tres poderes debidamente establecidos, a esa concepción le faltaba algo esencial: una separación real que impidiera los vasos comunicantes entre ellos. Este planteamiento conserva plena vigencia en nuestro país, pues actualmente en México no existe separación de poderes: el Ejecutivo influye y determina de manera abierta y sin mayores explicaciones; el Legislativo se encuentra prácticamente subordinado a sus órdenes, y es habitual escuchar a legisladores declarar que están listos para ratificar cualquier indicación de la jefa del Ejecutivo.

Las lecciones de Diego Muñoz Torrero siguen siendo vigentes, como también lo fue su defensa de la libertad de prensa.

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