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Ratas, cucarachas y aguas negras: así cuida el PAN

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Por

Ceci Vadillo

Clara Brugada tiene una frase que me encanta: la primera infancia no puede ser el primer factor de desigualdad. El lugar donde nacemos o el ingreso de nuestras familias no debería determinar las condiciones en las que crecemos. Es responsabilidad del Estado garantizar espacios dignos para todas las infancias.

Pero en Miguel Hidalgo parece que hay infancias de primera y de segunda. Mauricio Tabe está muy ocupado preocupándose por los hoteleros de Polanco, pero no muestra la misma urgencia por las niñas y los niños de las colonias populares.

¿Qué harían si en el kínder de sus hijos hubiera ratas, cucarachas o fugas de aguas negras?

Eso viven niñas y niños de dos, tres y cuatro años en Centros de Desarrollo Infantil de Miguel Hidalgo.

En el CENDI Lago Caneguín, familias y personal denuncian contaminación por aguas negras en el aula, patio y comedor. También reportan ronchas en la piel y afecciones estomacales. Los juegos y juguetes estaban en condiciones tan precarias que las propias familias tuvieron que donarlos.

En Tacubaya denuncian ratas y cucarachas, incluso en el comedor donde comen las infancias.

El 8 de julio, desde el Congreso aprobamos un exhorto para que la alcaldía atendiera la fuga de aguas negras. Han pasado semanas.

¿La respuesta del gobierno de Tabe? Mandar una impresora.

Una impresora para una fuga de aguas negras.

Lo que se necesita es desazolve, fumigación y condiciones sanitarias dignas. Pero en Miguel Hidalgo hay recursos para intervenir banquetas en Polanco y rehabilitar Las Lomas, mientras los centros infantiles de las familias trabajadoras siguen esperando.

Por eso volvimos a tribuna. Presentamos un segundo exhorto que incorpora Tacubaya, solicita a la Secretaría de Salud inspeccionar las condiciones sanitarias y atender las afectaciones reportadas, y exige transparentar cuánto presupuesto recibió y ejerció la alcaldía para el mantenimiento de estos planteles.

Falta un mes para el regreso a clases. Un mes para hacer lo que debieron hacer hace años.

Las niñas y los niños de Miguel Hidalgo no necesitan una impresora. Necesitan un comedor sin aguas negras, un patio sin ratas y un gobierno que los mire.

Eso no es pedir demasiado. Es lo mínimo.

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