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Por Gustavo Infante Cuevas
Hay boxeadores que ganan peleas y hay otros que construyen una época. Gennady Golovkin hizo lo segundo.

GGG llegó al profesionalismo en 2006 después de una carrera amateur de 345-5, una medalla de plata olímpica en Atenas 2004 y títulos internacionales. Pero lo brutal comenzó con los guantes pequeños.
En su pelea profesional número 20 conquistó el título mundial de peso mediano de la WBA. Después convirtió las 160 libras en su territorio: ganó cinturones de la WBA, WBC, IBF e IBO, derrotó a nombres como David Lemieux, Daniel Jacobs, Kell Brook y Martin Murray, y realizó 20 defensas consecutivas de títulos mundiales, igualando el récord de Bernard Hopkins.
Sus números parecen de videojuego: 42 victorias, 37 por nocaut y apenas dos derrotas y un empate. Un 88% de efectividad de KO. Y hay un dato que explica su dureza: jamás fue derribado como profesional.

Canelo Álvarez. Tres capítulos, un empate en 2017, una cerrada derrota en 2018 y otra en 2022, en las 168 libras. Las dos primeras peleas alimentaron una de las rivalidades más grandes de la era moderna.
Ahora, GGG ya no necesita demostrar nada. En 2026 ingresó al International Boxing Hall of Fame, en el primer año de elegibilidad. El hombre que convirtió el jab en una amenaza y la presión en un arte ya está en la historia para siempre.
Golovkin no fue invencible. Fue algo quizá más difícil: inolvidable.