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Javier García Paniagua y su hijo

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Por Eduardo López Betancourt

Fue un patriota ejemplar

Tuve el privilegio de ser cercano amigo de Javier García Paniagua. A su muerte, nuestro país perdió a uno de sus mejores hombres, quien lamentablemente no llegó a la presidencia por la obtusa y frívola conducta de José López Portillo, quien impidió que un varón en toda la extensión de la palabra ocupara la primera magistratura.

Además de conocer a su padre, también traté al general Marcelino García Barragán, quien, debido a un discurso que pronuncié el Día de las Fuerzas Armadas, me obsequió una yegua llamada “La Maca”, a la que conservé con mucho orgullo.

Volviendo a Javier, sin duda analizamos los malos gobiernos que tuvimos y las torpezas que cometía, en especial quien usurpó la presidencia, Carlos Salinas de Gortari, quien no dejó de incurrir en la insensatez y en la contradicción más absoluta; por supuesto, tampoco se quedó atrás con sus numerosos errores en materia económica. Hablamos de temas torales como el gobierno, pero entre otras cosas intensificamos nuestras pláticas sobre la necesidad de centrar el trabajo en el ámbito educativo. Ciudadanos preparados podrán tener también gobiernos adecuados y de buen nivel; por el contrario, la ignorancia es el mejor mecanismo para impulsar tiranías, gobiernos donde abundan las atrocidades y, no se diga, se intensifica la corrupción.

Javier pudo haber sido un buen presidente, de estatura patriótica, pero sobre todo lo que más lo caracterizó fue su actitud valiente y directa, siempre dispuesto a dar la cara, y para quien la amistad tenía un privilegio esencial.

Ser amigo de Javier García Paniagua era todo un orgullo, y la lealtad y la honradez mantenían en él una presencia particular: fue un hombre a carta cabal, patriota ejemplar y, más aún, un excelente analista de la problemática nacional, para quien el diálogo revestía especial relevancia.

Uno de sus hijos, el licenciado Omar García Harfuch, ocupa cargos relevantes, y lo que cabe esperar de él es que haya heredado las cualidades de su padre y, no se diga, las de su abuelo.

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