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Por Xóchitl Bravo Espinosa
Brugada la gana a pulso
En una metrópoli con la complejidad, densidad y exigencia de la Ciudad de México, la aprobación social no se regala ni se sostiene por inercia. Se gana a pulso, todos los días, con presencia en las calles y atención directa a la población.
Una encuesta reciente de Enkoll revela que el 64% de las y los capitalinos aprueba la gestión de la Jefa de Gobierno, Clara Brugada. Además, aporta cifras reveladoras sobre la percepción social hacia ella: 73% la considera “trabajadora” y 66% la califica como “cercana a la gente”.
En el servicio público, estos atributos son fundamentales. Reflejan a una gobernante que se ha volcado a atender y resolver en el territorio los problemas que más le importan a la gente. Esa aprobación no es una concesión graciosa de la opinión pública; se respalda con el trabajo diario, la entrega ininterrumpida y el diálogo constante con la comunidad.
Su trabajo se traduce en resultados tangibles. La prueba de fuego que representó el Mundial de Futbol dejó un saldo de opinión contundente: 61% de los habitantes evaluó como positivo (bueno o muy bueno) el desempeño del Gobierno de la Ciudad, destacando el posicionamiento internacional de la capital (70% de aprobación) y el desarrollo de infraestructura y espacios públicos (65%). Lejos de verse rebasada por un evento internacional, la Ciudad de México demostró capacidad de organización, infraestructura y gobernabilidad.
La efectividad de una gestión se mide, sobre todo, en las materias de mayor sensibilidad social. Es ahí donde la perseverancia del Gabinete de Seguridad y la estrategia territorial muestran avances significativos. De acuerdo con reportes del Gobierno capitalino y la Secretaría de Seguridad Ciudadana, julio de 2026 registró la cifra de homicidios dolosos más baja para ese mes en los últimos 12 años, consolidando una tendencia a la baja que en junio alcanzó mínimos no vistos en 15 años.
Gobernar bien no es asunto de suerte. Es el resultado de tener el oído en la calle y la convicción de cumplirle a la gente todos los días.