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El mayor adversario de morena está adentro

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Por Ana E. Rosete

Morena tiene un problema rumbo a 2027. Y, por increíble que parezca, ese problema no se llama PAN, PRI, MC, ni oposición.

Se llama Morena.

La contienda interna comenzó demasiado pronto. En la Ciudad de México ya hay alcaldías donde las diferencias dejaron de ser simples aspiraciones y empiezan a convertirse en verdaderas trincheras. El propio partido ha reconocido preocupación por la conducción hacia 2027 y medios nacionales han documentado cómo las disputas internas se han convertido en uno de sus principales focos de riesgo.

Ahí está Tlalpan.

Una alcaldía que Morena recuperó apenas en 2024 y donde hoy la prensa política ya habla abiertamente de una guerra interna. Legisladores y grupos políticos toman distancia de la alcaldesa y empiezan a acomodar sus piezas para la sucesión.

Está Xochimilco.

Otra demarcación donde las diferencias internas no solamente permanecen, sino que llegaron hasta San Lázaro, con acusaciones públicas entre antiguos y actuales grupos de poder.

Está Azcapotzalco.

Ahí ni siquiera han podido esconder el pleito. La disputa entre distintos liderazgos de Morena ya produjo episodios públicos de confrontación.

Y está Álvaro Obregón.

Una alcaldía que Morena recuperó en 2024, pero cuya victoria dependió también de los votos de sus aliados. No parece precisamente el territorio ideal para darse el lujo de llegar dividido a la siguiente elección.

La lista podría continuar.

Diputados contra alcaldes.

Alcaldes contra diputados.

Concejales que ya quieren ser legisladores.

Grupos que empiezan a repartirse candidaturas que todavía ni existen.

Todos hablan de transformación, pero algunos ya están pensando en la próxima boleta.

Y ése puede terminar siendo el verdadero problema de Morena. Porque las peores batallas políticas son las internas.

La oposición puede criticar, organizarse, crecer y explotar los errores del gobierno. Es su trabajo. Pero ninguna oposición tiene la capacidad de hacerle tanto daño a Morena como un Morena dividido.

Mientras todo eso ocurre, este fin de semana apareció una escena distinta en el norte de la Ciudad de México.

Gustavo A. Madero decidió hacer exactamente lo contrario.

Diputados locales y federales, concejales y consejeros estatales aparecieron juntos en un acto cuyo mensaje central fue cerrar filas y anteponer la UNIDAD a las aspiraciones personales.

Y ahí está quizá lo verdaderamente interesante.

No que en Gustavo A. Madero hayan desaparecido las aspiraciones. Claro que existen.

La diferencia es que, por ahora, parecen haber entendido algo que en otras alcaldías todavía no comprenden: antes de pelear por quién se queda con el siguiente pedazo del pastel, primero hay que asegurarse de que siga habiendo pastel.

Eso, elemental en cualquier manual político, parece haberse convertido en una rareza dentro de Morena.

Porque mientras en algunos territorios ya comenzó la guerra por las candidaturas, en Gustavo A. Madero empezaron una operación distinta: juntar a quienes mañana inevitablemente

tendrán intereses diferentes y obligarlos a reconocerse hoy como parte del mismo proyecto.

Eso se llama hacer política. Y también se llama entender el momento.

Morena ganó 11 de las 16 alcaldías en 2024, pero sería ingenuo creer que esos triunfos están escriturados para siempre. En varias demarcaciones la coalición y el voto de los aliados fueron determinantes, y la elección de 2027 ya empieza a mover aspirantes y grupos internos.

Por eso resulta llamativo que Gustavo A. Madero esté haciendo una tarea que debería preocupar seriamente a las dirigencias partidistas: operar la unidad antes de tener que operar la cicatriz.

Porque cuando llega la operación cicatriz, normalmente es porque alguien ya cortó demasiado profundo.

En política, las divisiones no se resuelven con fotografías cuando faltan tres meses para una elección.

Se trabajan años antes.

Se construyen acuerdos.

Se procesan aspiraciones.

Se reconocen diferencias.

Y, sobre todo, se convence a todos de que perder juntos es mucho peor que ceder individualmente.

Hoy el mayor adversario de Morena no necesariamente está enfrente.

El peor enemigo de Morena puede terminar siendo Morena.

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