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Por Ricardo Sevilla
¡Menuda panda de farsantes! La fauna habitual de la comentocracia, junto a TV Azteca, Azucena Uresti, La Derecha Diario y Guacamaya Leaks, ha desplegado su arsenal de cuentos chinos contra la presidenta Claudia Sheinbaum.
Esta tripa de mentirosos llevan días chillando como posesos en sus programas y redes que (dizque) el poder se pretende amordazar al periodismo.
No dan argumentos, ofrecen berridos. La verdad es que nadie quiere silenciar voces ni atar de manos a los reporteros.
Pero entonces ¿qué es lo que verdaderamente plantean la Agencia de Transformación Digital y la Comisión Reguladora de Telecomunicaciones?
Y para que no te vendan gato por liebre, te desglosaré, querida lectora (o lector) el asunto en cinco claves claras.
Ahí les voy:
Primera: el objetivo es garantizar que la ciudadanía busque, reciba y difunda contenidos con absoluta libertad y sin mordazas.
Segunda: evitar que la publicidad pagada y la propaganda partidista se disfracen descaradamente de notas informativas. Ya ves cómo son de mendaces los chayoteros.
Tercera: exigir a los canales de radio y televisión a marcar una frontera tajante entre lo que es un hecho noticioso y la simple opinión de un presentador. Porque todo lo quieren meter (tramposamente) en el mismo costal.
Cuarta: asegurar el derecho legal de cualquier persona a exigir réplica cuando un medio publique mentiras que dañen su reputación. Ya ves que son unos calumniadores de Paco.
Y quinta: exigir un código ético que garantice respeto a los derechos humanos, infancias y equidad, erradicando la discriminación e integrando accesibilidad y subtítulos en lenguas nacionales.
¿Y sabes cómo propone el ejecutivo vigilar todo este asunto? ¡A través de un ombudsman de la audiencia que jamás nombrará el estado ni ningún ministerio! Un vigilante que elegirá, con total tranquilidad, el propio medio de comunicación.
¿A eso le llaman censura? ¡Por favor, qué embuste tan ruin! Es evidente que los opinólogos de cabecera jamás te hablarán con la verdad en la mano.
Pero ¿y entonces cuál es el motivo de tanta histeria y tanto brinco en los aparatos de propaganda? ¡Justamente por eso! Porque se les acaba el negocio de manipular y simular.
Y tú, querida lectora (o lector) lo has constatado mil veces: llaman “exclusiva” al chisme de pasillo y bautizan como “gran investigación” a cualquier difamación inventada.
Lo cierto es que el gobierno no busca imponer líneas editoriales a nadie. Nadie pretende dictarles qué publicar ni qué pensar. Ni se busca borrar notas ni vetar comunicadores. La gran pregunta es: ¿por qué les produce pánico la sola idea de autorregularse? Porque un embustero jamás tendrá argumentos para sostener sus propios montajes.
Ahora reflexiona tú: ¿de verdad te parece que esto pisotea la libertad de prensa? ¡Para nada! Se trata de pedir juego limpio para que el público sepa qué se está comiendo. ¿Tanto cuesta aclarar: esta es mi postura y esto es un dato duro? ¡Claro que no! Pero ya sabemos que la neta y la sinceridad (que son hermanas gemelas) siempre desquicia a los tramposos.
No te dejes engatusar por las tretas de estos merolicos. Esta iniciativa no reprime: defiende tu derecho a no ser estafado por los mentirosos.
