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Por Ricardo Sevilla
Ayer, los principales espacios informativos y los comentócratas coincidieron en una narrativa pesimista: que México había perdido frente a Estados Unidos y que el T-MEC estaba prácticamente acabado.
Sin embargo, detrás de estos discursos alarmistas se esconde una realidad muy distinta que contrasta fuertemente con la versión oficial de los críticos.
Un análisis económico riguroso demuestra que las medidas recientes no representan costos adicionales para el consumidor final.
Pero como en la derecha son más mentirosos que diez Pinochos juntos, hay que explicar bien y despejar cualquier duda.
La llegada reciente de Jamieson Greer, representante comercial de la administración de Donald Trump, generó una gran expectativa debido a la postura dura con la que arribó a la Ciudad de México.
Y la verdad es que su objetivo inicial era claro: presionar mediante la imposición de nuevos aranceles. No obstante, las negociaciones sostenidas en Palacio Nacional demostraron una defensa firme de los intereses nacionales por parte de la administración de la presidenta Claudia Sheinbaum y del secretario de economía, Marcelo Ebrard.
El resultado de este encuentro diplomático desmiente por completo la idea de un doblez mexicano. Lejos de ceder ante las presiones externas, el equipo negociador logró blindar el núcleo de las exportaciones nacionales.
Ahora bien, para entender la magnitud del acuerdo, basta observar un dato fundamental: el 85 por ciento de todo lo que México exporta hacia el mercado estadounidense continúa exactamente igual, es decir, con arancel cero.
Esta cifra demuestra que la relación comercial entre nuestro país y Estados Unidos sigue operando bajo los márgenes establecidos de beneficio mutuo, protegiendo a los sectores productivos más importantes del país y demostrando que la diplomacia mexicana mantiene una capacidad sólida de negociación frente a las exigencias de Washington.
Qué gran sorpresa descubrir que el fin del mundo comercial anunciado por los expertos en Fake News resultó ser otra más de sus mentiras.
Y qué lástima para los agoreros del desastre que la realidad económica se empeñe en arruinarles sus editoriales catastrofistas.
