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Antes de descalificar, hay que esperar resultados

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Por Juan R. Hernández

En política abundan los juicios anticipados. Apenas comenzó a perfilarse Paulo Emilio García como posible relevo de Héctor Díaz-Polanco al frente de Morena en la Ciudad de México y ya aparecieron quienes lo califican de “perdedor” por no haber ganado un distrito de mayoría en 2024. El argumento suena contundente, pero se queda corto.

Dirigir un partido no es lo mismo que competir por un cargo de elección. Son responsabilidades distintas y requieren habilidades diferentes. Un dirigente debe construir acuerdos, mantener la unidad, fortalecer la estructura territorial y preparar al partido para los retos electorales. No basta con tener votos; hace falta capacidad política.

Paulo Emilio ha sido uno de los principales voceros de Morena en el Congreso capitalino. Desde esa posición ha defendido las iniciativas de su bancada, fijado postura frente a la oposición y enfrentado debates complejos. Su estilo puede gustar o no, pero nadie puede negar que ha dado la cara en los momentos más difíciles para el movimiento.

También se cuestiona su cercanía con Sebastián Ramírez, como si trabajar en equipo fuera un defecto. En realidad, esa relación le permitió conocer la operación interna de Morena, la organización territorial y la comunicación política de un partido que hoy gobierna la capital. Esa experiencia también cuenta.

Quienes hoy minimizan su perfil olvidan que la política se construye con trabajo diario, no únicamente con triunfos individuales. Morena necesita una dirigencia que dialogue con todas las expresiones internas, fortalezca la organización y llegue unida a 2027. Ese será el verdadero examen.

Paulo Emilio pertenece a una nueva generación de cuadros políticos, con formación universitaria, experiencia legislativa y conocimiento del partido. Ahora tendrá la oportunidad de demostrar si está preparado para una responsabilidad mayor.

Las campañas de descalificación suelen ser espectaculares, pero duran poco. Los resultados, en cambio, permanecen. Si consigue mantener la unidad, fortalecer la estructura y conservar el liderazgo de Morena en la Ciudad de México, serán los hechos —y no los adjetivos— los que definan su gestión.

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