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Morena es Félix

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Por Eduardo López Betancourt

Resulta profundamente lamentable lo que ocurre en el estado de Guerrero. La dirigencia del partido Morena, fuerza política hegemónica y mayoritaria del país, decidió rendir homenaje a un personaje cuya trayectoria pública está marcada por una larga cadena de señalamientos y episodios controvertidos. Es un hecho que debería llevar a una seria reflexión a la presidenta nacional del partido.

La historia de Félix Salgado Macedonio está rodeada de acontecimientos que han dañado gravemente su imagen pública. Basta recordar dos de los más relevantes. Durante su gestión como presidente municipal de Acapulco fue acusado por la Fiscalía General de la República de presuntos vínculos con el narcotráfico. Sin embargo, las circunstancias terminaron favoreciéndolo y logró sortear aquellas imputaciones gracias a respaldos políticos que hoy resultan difíciles de justificar.

Posteriormente, al concluir su administración, en instancias federales se documentaron presuntos desvíos de recursos públicos y otras irregularidades de gran magnitud. Aun así, volvió a beneficiarse de apoyos políticos que, con el paso del tiempo, han quedado severamente cuestionados.

A ello se suma que, durante el gobierno anterior, su hija fue impulsada para ocupar la gubernatura de Guerrero pese a la percepción de que carecía de la experiencia política suficiente para asumir una responsabilidad de esa magnitud. Para todos los guerrerenses, el verdadero poder en la entidad continúa concentrado en Félix Salgado Macedonio, mientras la titular del Ejecutivo estatal representa únicamente la investidura formal.

Todo ello constituye una seria contradicción para Morena, un partido que afirma tener como principios rectores la honestidad, la moral pública y el compromiso de no mentir, no robar y no traicionar al pueblo de México.

A juicio de quienes sostienen esta crítica, Félix Salgado Macedonio representa exactamente lo contrario de esos postulados. Su trayectoria, marcada por constantes controversias, investigaciones y señalamientos, se ha convertido en un símbolo que contradice el discurso ético que Morena dice defender.

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