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La reciente recomendación de 800 fojas de la CNDH dada a conocer sin previa rueda de prensa y sin hablar con las familias ha sido demoledora, acusa de narrativas “anti-verdad”, “sensacionalistas” o con “agendas externas” a las investigaciones y fundamentos que señalan el involucramiento del ejército mexicano.
Para los que seguimos el caso desde 2014, hemos visto cómo cada vez éste se politiza más y se convierte en objeto de marketing y motivo de venta segura de libros; la estulticia de Murillo Karam con su “ya me cansé” y la supuesta “verdad histórica”; la intervención y avances del GIEI para luego ser derrumbados una y otra vez; el “asesor” de los padres de los 43, Vidulfo Rosales, ahora con su nuevo cargo dentro de la Coordinación de asesores de la Presidencia de la Suprema Corte; los esfuerzos del Centro PRODH, la Comisión de la Verdad (CoVAJ), el esfuerzo de reporteros de investigación independientes, la entrada (y salida) de Alejandro Encinas, la huida de Tomás Zerón a Israel desde 2019, todo ha hecho que de una forma u otra el caso se empantane más en lugar de esclarecerse, es como si cada uno, con excepciones, tuviera en su agenda tapar la labor del otro, sobre todo si hablamos del ejército.
Con todo, las investigaciones fueron avanzando con Omar Gómez Trejo, quien no pudo parar la intervención de Alejandro Gertz cuando se tocó directamente a las fuerzas armadas; Gómez Trejo terminó huyendo del país por amenazas y las acusaciones de los militares fueron revertidas o desestimadas casi en su totalidad, quedando solamente unos cuantos bajo proceso individual.
Ante el reciente dictamen de la CNDH, la respuesta de Alejandro Encinas fue pobre y casi insultante: “La verdad tiene fuerza propia: contra ella, la mentira solo puede ganar tiempo”.
Las promesas de verdad y justicia se van quedando en promesas, la postura decepcionante de la CNDH a cargo de Rosario Piedra al declarar que las más de 800 fojas que piden los padres, sobre los expedientes de la SEDENA “no tienen relación”, ya antes habían asegurado que “no existían”, pero no las facilitan y esto, solo hace que crezcan más y más las dudas sobre la participación real del ejército en los acontecimientos sucedidos entre el 26/27 de septiembre de 2014.
La herida sigue y seguirá abierta en tanto no se actúe con absoluta transparencia. El estado debe actuar con responsabilidad, empezar otra vez desde cero generará todo, menos certezas.
Ana María Vázquez
Dramaturga/Escritora
@Anamariavazquez