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Por Pedro Linares Manuel
La política fiscal mundial dio un giro importante. El 4 de julio de 2025, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, promulgó la One Big Beautiful Bill Act, considerada una de las reformas fiscales y presupuestarias más relevantes de los últimos años. Aunque se trata de una ley estadounidense, sus efectos podrían extenderse a economías estrechamente vinculadas con ese país, como la mexicana.
Entre los puntos más importantes destacan:
• Permanecen los recortes de impuestos aprobados desde 2017, con el objetivo de incentivar el consumo, la inversión y el crecimiento económico.
• Nuevos beneficios fiscales para determinados trabajadores, incluyendo deducciones relacionadas con propinas, horas extra y algunos créditos para la adquisición de automóviles.
• Más incentivos para las empresas, permitiendo mayores deducciones por inversiones y depreciación acelerada de activos productivos.
• Reducción de estímulos fiscales para diversos proyectos de energías limpias, modificando la política ambiental de la administración anterior.
• Incremento del gasto destinado a seguridad fronteriza, control migratorio y fortalecimiento de programas prioritarios del gobierno estadounidense.
Sin embargo, la reforma también ha generado fuertes críticas. Diversos analistas advierten que podría aumentar significativamente el déficit fiscal y la deuda pública de Estados Unidos durante la próxima década, mientras que sus defensores sostienen que impulsará la economía y atraerá nuevas inversiones.
INVERSIÓN EN RIESGO
¿Y qué significa esto para México? La respuesta es sencilla: Estados Unidos es nuestro principal socio comercial. Si las empresas encuentran mejores condiciones fiscales para invertir del otro lado de la frontera, parte del capital internacional podría dirigirse hacia ese mercado.
Al mismo tiempo, una economía estadounidense más dinámica podría incrementar la demanda de exportaciones mexicanas, beneficiando sectores como el automotriz, manufacturero, agroindustrial y de servicios.
Para empresarios, inversionistas y fiscalistas mexicanos, esta reforma merece un seguimiento permanente. Las decisiones tributarias de la mayor economía del mundo suelen influir en los flujos de inversión, el comercio internacional y, eventualmente, en las políticas fiscales. Hoy, entender la política fiscal internacional ya no es una opción; es una ventaja competitiva.