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Por Ricardo Sevilla
El cinismo político no tiene límites. Y si alzamos la mirada fuera de la CDMX, encontraremos un panorama aterrador.
En San Luis Potosí, por ejemplo, decidieron pagar 750 mil dólares –o sea: más de 13 millones de pesos– a un tipo que, ahí como no queriendo la cosa, fue asesor de Donald Trump.
Bajo el engañoso estandarte de la “atracción de inversión extranjera”, el gobernador Ricardo Gallardo Carmona ejecutó una de las maniobras más oscuras y desesperadas de la política: contratar a Roger Stone, el estratega más amoral, agresivo y convicto del ala radical del actual presidente de EUA.
Por si fuera poco, el gobierno potosino también le dio su buena tajada a Diana London (más de 300 mil dólares), quien es socia de Stone y cabildera de las buenas (y peligrosas).
La trama –que evidentemente tiene el soporte de los datos duros y fue destapada por documentos oficiales entregados ante el Departamento de Justicia de los Estados Unidos– expone las entrañas de un gobierno (por cierto verdecologista) que mete las garras al presupuesto público, pero no para pavimentar calles ni abastecer hospitales, sino para comprar un blindaje geopolítico privado.
¿A qué me refiero? Le explico: el gobernador de SLP decidió pagarle millones a estos “estrategas” estadounidense con cero experiencia en el mercado nacional.
¿Y sabe por qué? Porque supo que en EUA unos cabilderos lograron que Trump le otorgara un indulto milagroso al ex-narco-presidente hondureño Juan Orlando Hernández.
Y curiosamente, Roger Stone y uno de sus socios fueron los cerebros detrás de la liberación de Hernández, usando campañas de “cacería de brujas” y todas esas boberías.
Gallardo siente pasos en la azotea y le han dicho que en Estados Unidos lo están investigando. Y, obviamente, no quiere irse al bote. Así que ha puesto sus garras y su maquinaria a andar.
Y aquí hay una paradoja brutal e hipócrita. Y es que, mientras el Partido Verde se arrodilla en la arena pública ante el discurso nacionalista de la Cuarta Transformación, por debajo de la mesa está financia a los halcones imperiales del trumpismo para asegurar un paracaídas judicial individual.
San Luis Potosí está siendo gobernado bajo la lógica de un búnker personal. Y Ricardo Gallardo ha convertido el erario en su caja chica para financiar su defensa geopolítica anticipada.
Y ya le preguntaron a la presidenta Sheinbaum qué opina sobre estos cabilderos –digo: asesores-. ¿Y sabe qué respondió? “Nosotros no los necesitamos”.
Es decir: la primera mandataria desmarcó a la 4T de las prácticas de Gallardo y sentenció que los asesores reflejan la visión moral de cada gobierno. ¡Y tiene razón!