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Por Eduardo López Betancourt
elb@unam.mx
El pueblo de México deja atrás, aunque sea por un momento, sus aflicciones: la inseguridad, los apuros económicos y los escándalos narcopolíticos quedan en segundo plano. Hoy solo hay entusiasmo, Himno Nacional y, por supuesto, el infaltable Cielito lindo, canción de origen español que hemos hecho nuestra. Destacan, además, concentraciones espontáneas de una magnitud jamás alcanzada por partido político alguno, y mucho menos por sus desprestigiados dirigentes.
El triunfo futbolístico colma nuestra ilusión; por primera vez soñamos en grande. Poco importa si después llega la decepción: hemos vivido un momento inolvidable cuya mayor virtud es la unidad nacional. Por supuesto, no faltan los oportunistas que se adjudican el éxito. Cínicos y descarados presumen de él, cuando es evidente que los actuales dirigentes solo cosechan rechazo. Organizan actos a modo para simular popularidad y, con acarreados, dan rienda suelta a la fantasía de contar con respaldo popular, pese a que su gestión ha sido desastrosa.
Nadie puede proclamarse dueño de este logro; pertenece únicamente al pueblo, que es quien ha impulsado a los jugadores. Como pocas veces, se percibe un entusiasmo genuino: nos sentimos orgullosos de ser mexicanos, y hay quien incluso bromea con que deberían ser los futbolistas quienes gobiernen el País.
Mañana disputaremos el ansiado quinto partido. Nuestra esperanza es clara y está bien sustentada: llegamos con paso perfecto, cuatro encuentros sin recibir gol y siete tantos a favor. Sea cual sea el resultado, se enfrentará a un equipo cohesionado, dispuesto a luchar y respaldado por el ánimo de todos los mexicanos. Nos hacía falta este respiro, impregnado de patriotismo y, sobre todo, de una unidad férrea.
Que esta lección sirva de ejemplo para quienes nos gobiernan: deben procurar la cohesión social con base en el respeto, dejar atrás los rencores y las malas administraciones, y erradicar el nepotismo y el amiguismo.
La Selección Mexicana nos deja una enseñanza que no debemos olvidar. Siempre será válida la frase: “México unido jamás será vencido”.