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Por Lengua Larga
@LenguaLarga83
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Valentía ante los hechos
En el Gobierno de la Ciudad de México parecen haber descubierto una nueva estrategia de comunicación social: si la pregunta incomoda, desaparece la transmisión; si el reportero insiste, mejor se acaba la conferencia. Más práctico que responder, sin duda.
Primero fue el 1 de julio. Mientras Juan Hernández, reportero de Diario BASTA!, lanzaba preguntas al gabinete, la transmisión oficial se fue a negro justo cuando el ambiente comenzaba a calentarse. Entonces Ana Rosete, colaboradora del medio, denunció públicamente que la directora general de Comunicación Social, Ana María Lomelí, decidió cortar la señal. Vaya manera de entender la transparencia: si nadie lo ve, entonces nunca pasó.
Pero Juan tuvo la osadía de regresar. Grave error. Porque los periodistas insistentes son como los mosquitos en verano: incómodos para quien no quiere escuchar el zumbido de las preguntas.
Ayer volvió a levantar la mano. Preguntó quién asumiría la responsabilidad política por el operativo fallido durante los festejos del Mundial en el Ángel de la Independencia, donde cuatro personas perdieron la vida el pasado 30 de junio.
También cuestionó si alguien del gabinete debía responder por esos hechos.
Y entonces ocurrió el milagro administrativo.
La jefa de Gobierno, Clara Brugada, ofreció una disculpa… y dio por terminada la conferencia. Qué sincronía tan admirable. Justo cuando tocaba responderle a Juan Hernández, se acabó el tiempo. Ni los premios Oscar tienen cortes tan oportunos.
Hay quienes apagan incendios. Aquí parecen apagar micrófonos.
Quizá en Comunicación Social ya preparan un nuevo protocolo: conferencia con preguntas previamente bendecidas, periodistas de ornato y respuestas libres de sobresaltos. Porque nada altera más la paz institucional que un reportero haciendo su trabajo.
La ironía es brutal. Se presume un gobierno cercano a la gente, abierto al diálogo y defensor de las libertades. Pero cuando llega la hora de responder preguntas incómodas, la apertura dura menos que una transmisión en vivo.
No se trata de que un gobierno tenga todas las respuestas. Se trata de que no le tenga miedo a las preguntas.
Porque censurar una pregunta nunca elimina el problema que la originó. Sólo deja más claro quién está incómodo con la respuesta.