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Por Ana E. Rosete
@espinosa_rosete
DISCURSOS QUE PRONTO OLVIDAN
“Este gobierno no reprime y respeta”, presumió Clara Brugada. Minutos después, cuando mi compañero Juan Hernández, ¡reportero de Diario Basta!, hizo preguntas incómodas sobre información previamente publicada, la respuesta fue desacreditarlo, acusándolo de “reciclar información”. Lo que siguió fue todavía más preocupante.
Tras una seña de Ana María Lomelí, directora de Comunicación Social del Gobierno de la Ciudad de México, la transmisión de la conferencia fue interrumpida. Casualidad o decisión, la imagen que quedó fue la de un gobierno incómodo con las preguntas y dispuesto a evitar que los ciudadanos vieran ese momento.
Como jefa de Información de esta casa editorial, respaldo absoluta e incondicionalmente a mis reporteros. El periodismo no está para aplaudir al poder ni para formular preguntas a modo. Está para incomodar, cuestionar y exigir respuestas. La libertad de expresión deja de existir cuando solo se permite mientras no incomoda al gobernante.
Mientras adentro hablaban de respeto, afuera la realidad rebasaba el discurso. Clara Brugada estaba en el Fan Fest de Azcapotzalco, mientras miles de capitalinos padecían el caos en Reforma, el Ángel, Avenida Juárez, Bellas Artes y el Zócalo. Desorganización, aglomeraciones y falta de control y gobernabilidad marcaron una jornada que el gobierno intentó minimizar.
Luego vino la frase del secretario Pablo Vázquez: “No hubo incidentes de gravedad”. ¿Cuántos muertos necesita un gobierno para considerar grave una tragedia? Cuatro personas perdieron la vida. También hubo agresiones contra familias buscadoras. ¿Eso tampoco merece autocrítica?
El único que entendió lo que significa gobernar fue César Cravioto. Reconoció públicamente los errores y escribió: “Un gobierno democrático, cuando se equivoca, debe reconocerlo”. Tenía razón.
Porque un gobierno fuerte no es el que silencia preguntas ni controla transmisiones.
Es el que responde, da la cara y acepta sus errores. Todo lo demás tiene otro nombre: intolerancia a la crítica.
La prensa no es el enemigo del poder. El enemigo siempre será el poder que le teme a las preguntas.