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Ciro, el prejuicioso

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Por Ricardo Sevilla

Ciro Gómez Leyva es un sinvergüenza.

El tipo utilizó los micrófonos de Grupo Fórmula para revictimizar y calificar de “secuestrador” a Israel Vallarta, ignorando deliberadamente que tribunales judiciales ya han emitido sentencias de absolución por unanimidad en las causas penales imputadas en su contra.

Pero vayamos a fondo: el comportamiento de Ciro devela una terrible patología sociológica: la resistencia de las élites mediáticas a perder el monopolio del castigo social.

¿A qué me refiero? Le explico: cuando un presentador de noticias, como Ciro, que conduce un espacio con cobertura nacional, llama “secuestrador” a un ciudadano que ha obtenido resoluciones de absolución por unanimidad dentro del Poder Judicial, no solo está difamando; está cometiendo un acto de desacato institucional.

Para sujetos como Ciro, las instituciones del Estado solo son válidas cuando sus fallos coinciden con sus intereses editoriales o corporativos.

¿Y sabe por qué? Porque mantener la etiqueta de “secuestrador” sobre Vallarta es una defensa corporativa del régimen de impunidad y montajes que imperó en el sexenio de Felipe Calderón y su “súper policía” Genaro García Luna. 

Admitir la inocencia legal de Vallarta implicaría que Ciro y su medio aceptaran que fueron cómplices —por acción u omisión— del engaño colectivo más grande de la televisión mexicana.

Y, justo por eso, al seguir criminalizando a la víctima, protegen su nefasta biografía profesional y la de sus socios políticos del pasado.

El mayor dislate de Ciro –que pecó de estúpido y arrogante– es creer que su opinión tiene más peso que una sentencia absolutoria unánime de magistrados federales.

Llamar “secuestrador” a alguien absuelto no es “libertad de expresión”; es una violación al derecho de presunción de inocencia y una calumnia que destruye el sentido del periodismo.

Si el Poder Judicial determinó la absolución unánime tras analizar miles de fojas, que el conductor sostenga lo contrario basándose en su “fe” o en su “orgullo” es una tontería metodológica que reduce el oficio periodístico al nivel de la charlatanería. Y eso es Ciro: ¡Un charlatán!

Mary deconstruyó, en menos de un minuto, el andamiaje de prejuicios de un “periodismo” de pacotilla que prefiere la comodidad –y los convenios- del sesgo ideológico antes que la dura y fría verdad de los expedientes.

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