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Por Ceci Vadillo
La reciente comparecencia de Mauricio Tabe, alcalde de Miguel Hidalgo, dejó al descubierto el verdadero rostro de su administración. A un año de la elección de 2027 y en la recta final de su gestión, las cosas están peor que nunca. La corrupción en la demarcación es descarada y los datos oficiales lo confirman: la Auditoría Superior de la Ciudad de México reveló que, por cada 10 calles que el panista paga por pavimentar, solo se entregan 8.
Es decir, se factura el 100% del fresado, pero solo se ejecuta el 80%. En un contrato auditado de dos millones de pesos, se identificó un daño al erario de 600 mil pesos. A ningún vecino le parece normal que el 20% de sus impuestos desaparezca; el alcalde debería cuidar el dinero público, no robárselo. Si de contrato en contrato se esfuman estas cantidades, la pregunta es obligada: ¿cuánto dinero se están metiendo a la bolsa Tabe?
El desvío de recursos es un delito que impacta directamente en las calles, hoy sumidas en el abandono; sin poda, con banquetas rotas, oscuras e inseguras, y deportivos en ruinas. La diferencia con los resultados de otras alcaldías es notable. Frente a las quejas, Tabe prefiere evadir su responsabilidad, argumentando que nada le corresponde y que no hay presupuesto. Claro que no alcanza, si se lo está robando para el año electoral.
Pero la corrupción no es el único mal; el clasismo con el que gobierna está fuera de control. Del dinero qué sí invierte, el 40% se concentra en solo cuatro zonas: Polanco, Granada, Anzures y Las Lomas, donde habita apenas el 20% de la población. El 80% restante de los habitantes de la alcaldía vive en el olvido.
La injusticia es matemática: por cada 10 pesos que la alcaldía destina a un vecino de Las Lomas, invierte solo 5 pesos en uno de la Pensil y 3 pesos en uno de Tacubaya.
Aunque Acción Nacional se caracteriza por su desprecio a lo popular, Tabe está obligado a gobernar para todos, no a ejercer un presupuesto clasista. Los datos demuestran que, para él, un ciudadano de Polanco vale el doble que uno de la Pensil.
Durante la comparecencia, estas preguntas quedaron sin respuesta. Al PAN le quedan pocos bastiones; su registro ya desapareció en estados como Coahuila y, lejos de corregir el rumbo, parecen empecinados en despedirse exhibiendo su peor versión: la de la corrupción y el elitismo.