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Por Salvador Guerrero Chiprés
@guerrerochipres
Corredores civiles, militares y policías comparten zancadas sobre el mítico Paseo de la Reforma. Es la carrera por el séptimo aniversario de la Guardia Nacional, donde tienen cabida —como en la construcción de la paz— todas y todos quienes muestran disposición a una ruta común.
Lejos de ser una simple competencia atlética, el trayecto de cinco kilómetros con destino a Campo Marte es metáfora perfecta de la política de seguridad interior: un esfuerzo sostenido, de fondo, constancia mutua y rítmica entre tenis y botas.
Trote codo a codo entre mandos e integrantes de la Secretaría de Seguridad Ciudadana, la Fiscalía General de Justicia y del C5. Desde la línea de honor, ajenos a la carrera física pero inmersos en la conducción estratégica, están el General de Brigada Rus Peñaloza Meneses, Coordinador Estatal de la Guardia Nacional en la Ciudad de México, y el Capitán de Navío Octavio Azcuaga Vázquez, Coordinador Operativo de Seguridad de la Marina en la metrópoli.
Las instituciones de la federación acompañan el avance del esquema local. La urbe mantiene y acelera el paso bajo una sola directriz técnica. El informe mensual presentado por la Jefa de Gobierno, Clara Brugada, arroja una estadística contundente: los delitos de alto impacto disminuyeron 65% respecto al registro del 2019; los homicidios dolosos, 52%.
Avances radicados en la sincronización precisa desde las primeras horas del día en el Gabinete de Seguridad encabezado por Brugada, donde están en la misma mesa las fuerzas federales y locales. Ahí se define la ruta de la carrera diaria por la seguridad.
Reducir la criminalidad a 51.5 eventos diarios promedio equivale a casi cien víctimas menos respecto a las de hace siete años; profundización de las bases heredadas por la ahora Presidenta Claudia Sheinbaum.
El círculo virtuoso permite desarticular células delictivas. Ritmo y coordinación hacen la diferencia.