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El gabinete de los zopilotes

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Por Lengua Larga

Algo extraño ocurre en el gabinete de Clara Brugada. Bastó observar la conferencia de prensa de ayer para encontrar a varios funcionarios con caras largas, gestos de fastidio y una actitud que parecía reflejar cualquier cosa menos entusiasmo por su trabajo.

Juan Pablo de Botton, secretario de Administración y Finanzas, llegó vestido con la playera de la Selección Mexicana, con más cara de crudo que otra cosa. Nada tendría de malo apoyar al Tricolor, salvo que acudía a una conferencia institucional. La imagen se completó con una postura relajada, prácticamente desparramado en la silla, proyectando una sensación de desgano que no pasó desapercibida.

José Mario Esparza, titular de SEGIAGUA, tampoco ayudó mucho. Durante gran parte de su intervención permaneció pegado a su celular, leyendo línea por línea. Más lectura que explicación. Más guion que claridad. En una ciudad donde el agua es uno de los temas más delicados, se esperaría escuchar a un funcionario que domine el escenario y no a alguien aferrado a sus apuntes.

Raúl Basulto optó por la informalidad absoluta: playera blanca, jeans y una apariencia que parecía ignorar la relevancia del momento. La sensación general era la de un gabinete que acudió por obligación y no por convicción.

Y luego está Ana María Lomelí. La responsable de Comunicación Social parece más cómoda frente a las cámaras que detrás de ellas, cuando su tarea debería ser atender a los reporteros y facilitar el acceso a la información. Entre periodistas crecen las quejas por la falta de atención y seguimiento. Bien dicen que “arrieros somos en el camino andamos”, pero a Anita se le olvidó.

La conclusión fue inevitable: mientras Clara Brugada intenta proyectar orden y liderazgo, parte de su equipo transmite cansancio, desconexión y poco interés. A veces los discursos dicen una cosa, pero los gestos cuentan una historia completamente distinta.

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