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Israel contra todos

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Por Eduardo López Betancourt

elb@unam.mx

Debo precisar, ante todo, mi absoluta solidaridad con el pueblo judío. Durante muchos años tuve el privilegio de dirigir instituciones educativas de esa comunidad en la Ciudad de México, experiencia que me dejó una huella profunda e imborrable, entre ellas, el entrañable Colegio Monte Sinaí. Por esa razón, el antisemitismo me resulta no solo ajeno, sino inaceptable. Fui abogado de importantes personalidades judías y su lucha ideológica encontró en mí una coincidencia genuina. Dicho esto, con claridad, mis reflexiones críticas van dirigidas exclusivamente a los gobiernos del Estado de Israel, y deben leerse en ese preciso contexto.

El gobierno israelí parece empeñado en acrecentar el odio hacia su propio pueblo. En ciertos momentos da la impresión de querer vengar el horror del Holocausto, en el que perecieron seis millones de judíos, con una violencia indiscriminada que alcanza a quienes no tuvieron responsabilidad alguna en aquel drama. Conviene recordar que las víctimas de la barbarie nazi no fueron únicamente judías: también lo fueron polacos, gitanos, homosexuales, personas con discapacidad y opositores políticos de toda índole.

Lo que ocurre en la Franja de Gaza es, sencillamente, inadmisible. Una política de destrucción sistemática que no hace sino multiplicar el odio y el resentimiento. El ensañamiento contra Líbano, con la reciente devastación de la ciudad de Tiro, confirma un patrón de conducta militar devastadora, donde la comunidad internacional observa con una pasividad que raya en la complicidad. El mundo tiene la obligación moral de intervenir con decisión: desde la ruptura de relaciones diplomáticas hasta sanciones efectivas que demuestren que ningún gobierno está por encima del derecho internacional y la dignidad humana.

Insisto en una distinción fundamental: el pueblo judío es una comunidad de enorme respetabilidad, portadora de principios admirables que nos invitan a considerarlos hermanos. Una cosa es ese pueblo y otra, muy distinta, un gobierno que actúa movido por el rencor y la violencia. Confundirlos no es solo un error intelectual; es una injusticia.

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