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Irving González
Ciudad de México.- El futbol en México dejó de ser barato. Hoy, ir al estadio no depende sólo de la pasión, sino también del dinero. Y entre más grande el evento, más se aleja del bolsillo del aficionado promedio.

En la inauguración del Mundial en el Estadio Azteca, los precios alcanzaron niveles prácticamente de lujo. Los boletos oficiales iban de 7 mil a 35 mil pesos, pero en reventa llegaron hasta los 120 mil. Dentro del inmueble, una cerveza rondaba los 300 pesos y los alimentos superaban los 200 o 300 pesos por pieza.
En una final reciente de Liga MX, la situación no fue muy distinta. Los boletos oficiales costaron entre 850 y 4 mil pesos, mientras que en reventa alcanzaron hasta 15 mil. Las cervezas se vendieron en alrededor de 160 pesos y los alimentos oscilaron entre 90 y 180 pesos, manteniendo al estadio como una salida costosa.
En un partido regular de liga los precios bajan, pero no lo suficiente para hablar de una verdadera accesibilidad. Un encuentro entre América y Chivas en el Estadio Azteca tenía boletos desde 550 hasta mil 700 pesos, cerveza en 150 pesos y comida desde 40 pesos. Aun así, para muchos sigue siendo un gasto fuerte.
El problema se vuelve más claro al compararlo con el salario mínimo en México, que en 2026 es de 315 pesos diarios, es decir, cerca de 9 mil 582 pesos al mes. Con ese ingreso, un solo boleto para la inauguración mundialista puede costar más de un mes de salario.
Una entrada para una final de liga representa entre tres y 13 días laborales, mientras que sólo consumir dentro del estadio puede significar el equivalente a una jornada completa de trabajo.
El futbol sigue siendo del pueblo en la televisión, pero en el estadio cada vez es más de quien puede pagar la experiencia. Mientras los precios escalan con cada gran evento, las tribunas dejan de llenarse únicamente de aficionados y comienzan a convertirse en espacios reservados para quienes tienen la capacidad económica de estar ahí