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Por Eduardo López Betancourt
elb@unam.mx
Por tercera ocasión, nuestro País será anfitrión de uno de los eventos más relevantes del mundo deportivo: el Campeonato Mundial de Futbol. Dato significativo: el mismo Estadio Azteca fue escenario del partido inaugural tanto en 1970 como en 1986, y lo será nuevamente en esta edición, distinción única en la historia del torneo.
La expectación es enorme y el deseo colectivo es que todo transcurra con normalidad. Sin embargo, ello dependerá en buena medida de que el entorno social sea propicio, pues las protestas se han intensificado y sus causas permanecen sin resolver por sucesivos gobiernos. Hemos señalado reiteradamente que los maestros exigen una solución concreta a sus demandas, y resulta inexplicable que no exista una actitud verdaderamente constructiva y comprometida por parte de las autoridades. Las jubilaciones del magisterio deben ser atendidas con prontitud y seriedad.
En ese mismo contexto reaparecerá, inevitablemente, una herida histórica aún abierta: la masacre de los estudiantes normalistas de Ayotzinapa, perpetrada en 2014 en la ciudad de Iguala. La verdad ha sido sistemáticamente encubierta, pero los indicios apuntan con firmeza a la participación del Ejército mexicano en el asesinato a mansalva de jóvenes humildes que solo aspiraban a convertirse en profesionistas dignos. Una verdad que el Estado no puede seguir eludiendo.
Igualmente, presente estará la causa de las madres buscadoras. Solo en una Nación tan gravemente lastimada como la nuestra, existen cientos de miles de personas desaparecidas, mientras los organismos obligados a esclarecer su paradero mantienen una actitud de indiferencia que raya en la desvergüenza y la ineptitud más absoluta.
Sería profundamente lamentable que nuestra nación cargara con la imagen de un Mundial ensombrecido por el desastre, y que el mundo fuera testigo de las protestas legítimas de quienes han visto frustrados sus intentos de alcanzar justicia. Abrigamos, no obstante, la esperanza de que la reflexión y la prudencia se impongan, responsabilidad que recae exclusivamente en el ámbito oficial. Al final de cuentas, que este campeonato, que arranca hoy, sea un éxito, es un propósito que debe concernirnos a todos los mexicanos.