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Por Eduardo López Betancourt
elb@unam.mx
Sin duda es un secreto a voces que el narco se encuentra inmerso en la vida política de México. Por más que se pretenda negar este hecho, la realidad es amarga y tenemos que parecer una permanente angustia que mantiene a toda la sociedad en vilo por las patéticas consecuencias que para la vida tiene nuestro drama actual. Quien se niegue a colaborar o por lo menos mantener silencio obligadamente se enfrentará a fatales represalias, de allí que todos los mantenemos en un problema que al parecer no tiene solución. Aceptemos que se hacen esfuerzos, pero estos no resultan suficientes, ya que además hay un gran avistamiento en el que varias autoridades están plenamente coludidas con la perversa actividad. Lo sucedido en Sinaloa, y en el estado de Morelos son muestras indiscutibles que confirman nuestra apreciación.
En los años setenta conocí a un extraordinario guerrerense, Luis Walton Aburto dada sus cualidades me permití iniciarlo en las actividades políticas y en su exitosa carrera siendo candidato a presidente municipal del puerto de Acapulco me consulto sobre un hecho nada grato que le sucedió a su casa a media noche tocaron y alguien dejo una maleta saturada de dólares con una nota explicita “para tu campaña jefe…” Ante ese hecho la pregunta concreta ¿Qué se hace? Analice y concluimos entregarse a las autoridades especialmente a las policiacas, estas se quedarían con el dinero, mi sugerencia que coincidió con la suya era entregarla a una beneficencia pública. A si es como opera el narco en México dar dinero y después cobra “el favor en muchas ocasiones se utilizan a los cónyuges o los hijos a quienes se les hacen regalos cuantiosos, y después simplemente les exigen complicidad, por cierto, en esta última tesitura se asegura, se encuentra el hijo de un personaje del más alto poder en México. El mundo se encuentra abatido por el narcotráfico o quiérase o no solo hay un camino darle a tal nefasto hecho un marco jurídico esto es legalizar el consumo de drogas.