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La batalla contra la desinformación

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Por Xóchitl Bravo Espinosa

@XochitlBravoE

La democracia no se debilita cuando se debate; se debilita cuando la mentira pretende convertirse en verdad absoluta. En tiempos donde la información circula a velocidades inéditas y las redes sociales amplifican tanto hechos como falsedades, el combate a la desinformación se ha convertido en uno de los grandes desafíos de la vida pública.

Las recientes declaraciones de la presidenta Claudia Sheinbaum respecto a TV Azteca reabrieron el debate sobre los límites entre la crítica política, la libertad de expresión y el derecho de los gobiernos a responder ante campañas que consideran falsas o manipuladas. Para algunos, señalar a una televisora representa confrontación; para otros, constituye un ejercicio legítimo de réplica frente a poderes mediáticos que durante décadas actuaron sin contrapesos.

La discusión no puede reducirse a consignas simples. En una democracia madura, la libertad de expresión no significa inmunidad frente al cuestionamiento público. Los medios tienen derecho a criticar al poder, pero también la ciudadanía y los gobiernos tienen derecho a señalar cuando consideran que existe manipulación o desinformación deliberada.

Durante muchos años en México, las grandes televisoras construyeron una relación de enorme cercanía con el poder político y económico. Influyeron en la opinión pública, marcaron agendas y definieron percepciones sociales. Esa concentración de influencia pocas veces era cuestionada. Hoy el escenario es distinto: existen redes sociales, medios digitales y una ciudadanía mucho más participativa. La conversación pública ya no pertenece exclusivamente a unos cuantos.

En ese contexto, desenmascarar la desinformación no sólo es válido; es necesario. Combatir noticias falsas debe sustentarse en datos, argumentos y transparencia. La Cuarta Transformación ha sostenido que parte de la oposición política también se articula desde espacios mediáticos y empresariales que buscan desacreditar cualquier avance del proyecto transformador. Desde esa visión, responder públicamente forma parte de una disputa democrática que hoy ocurre de cara a la ciudadanía.

En el contexto actual, el intercambio público de ideas y la confrontación de versiones forman parte natural de una democracia cada vez más participativa. Hoy la ciudadanía tiene más herramientas para contrastar información, cuestionar narrativas y construir una visión propia sobre la realidad nacional.

Porque la transformación del país también pasa por garantizar una ciudadanía informada y un debate público cada vez más abierto.

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