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Jesús Lemus advierte que uso político de términos como narcopolítica, narcoestado o narcogobierno, distorsionan percepción pública y genera riesgos diplomáticos sensibles
Juan R. Hernández
Ciudad de México.- Con referencias que datan desde 1947, el surgimiento de la DEA en 1977 y la participación de 4 agencias clave en inteligencia, el debate sobre “narcogobierno” resurge en México en medio de tensiones políticas y electorales. Para el periodista y analista Jesús Lemus, el término no es nuevo, pero su uso actual responde más a una estrategia de confrontación que a un análisis riguroso.
En entrevista con Diario Basta, Lemus explicó que conceptos como narcopolítica, narcoestado y narcogobierno tienen su origen en el discurso de seguridad de Estados Unidos, particularmente desde agencias como la DEA, que en los años setenta comenzaron a ubicar a México dentro del llamado “triángulo dorado” del narcotráfico.

Sin embargo, en el país estos términos fueron retomados por la propia izquierda durante el siglo pasado para cuestionar a los gobiernos priistas. Figuras como Gustavo Díaz Ordaz y posteriormente opositores al régimen incorporaron el concepto de narcopolítica para denunciar presuntos vínculos entre autoridades y crimen organizado.
Con el paso del tiempo, esa narrativa fue evolucionando hasta llegar al término “narcogobierno”, el cual —según Lemus— hoy es utilizado por partidos de oposición para confrontar a la actual administración de Claudia Sheinbaum, replicando un modelo discursivo que originalmente pertenecía a la izquierda.
“El problema es que se trata de un reciclaje político. Son viejas fórmulas que ahora retoman sectores que antes fueron criticados con esos mismos argumentos”, señaló el especialista, al subrayar que el uso reiterado del término carece, en muchos casos, de sustento probatorio.
El riesgo, advirtió, va más allá del debate interno. La constante repetición de este tipo de calificativos puede generar una percepción internacional negativa, especialmente en un contexto donde figuras como Donald Trump han insistido en señalar que el crimen organizado domina territorio mexicano.

Además, el uso indiscriminado del término puede derivar en una “normalización” del concepto, afectando la percepción social y asociando automáticamente al gobierno en turno con el crimen, aun sin evidencia concreta.
Lemus alertó que esta narrativa puede convertirse en propaganda que moldee la opinión pública, debilitando la discusión seria sobre seguridad y contaminando el debate político.
En un escenario marcado por la polarización, el especialista llamó a distinguir entre crítica fundamentada y descalificación discursiva, para evitar que términos de alto impacto se conviertan en herramientas de desgaste sin sustento real.