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Entre evasivas y trabajo

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Por Juan R. Hernández

La comparecencia de la alcaldesa de Cuauhtémoc, Alessandra Rojo de la Vega, retrató más un estilo de gobierno que un ejercicio de rendición de cuentas. Lo que debía ser un espacio para responder por presuntos desvíos de recursos, gentrificación y extorsión a comerciantes derivó en evasivas y confrontación política.

En vez de aclarar señalamientos, defendió a la presidenta madrileña Isabel Díaz Ayuso, gesto celebrado por la oposición pero ajeno a los problemas locales. Diputadas de Morena —Leonor Gómez Otegui, Diana Sánchez Barrios e Iliana Sánchez— cuestionaron el caso MEOR, los gastos en publicidad y la desigualdad entre colonias.

Afuera, simpatizantes de la alcaldesa hostigaron a Sánchez Barrios con abucheos y botellas de agua. La legisladora denunció tolerancia a prácticas irregulares como puestos con sombrillas rosas y reciclaje de funcionarios ligados a corrupción.

Ante señalamientos de extorsión y disparidad social, la alcaldesa eligió el silencio, confirmando una gestión más ideológica que práctica, como si gobernar Cuauhtémoc fuera administrar una franquicia de ultraderecha internacional.

En paralelo, el tablero político en la ciudad se sigue moviendo. En Cuajimalpa, el nombre de Gonzalo Espina comienza a sonar con fuerza. El ex panista, hoy cercano a Morena, ha intensificado su presencia territorial con reuniones, recorridos y acercamientos vecinales durante los fines de semana.

Según versiones, su crecimiento no es casual: cuenta con el respaldo de figuras clave como la presidenta Claudia Sheinbaum y el secretario de Seguridad, Omar García Harfuch.

Así, mientras en Cuauhtémoc predominan las evasivas, en Cuajimalpa se perfila una disputa anticipada. Dos estilos, dos ritmos y, sobre todo, dos maneras de entender el poder: uno que se escuda en la confrontación y otro que apuesta por la operación política. El tiempo dirá cuál conecta mejor con la ciudadanía.

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