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Por Diana Sánchez Barrios
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Resulta evidente que la derecha conservadora intenta reagruparse a nivel nacional e internacional para impulsar una visión elitista y antidemocrática del mundo.
Esta derecha promueve una agenda social de tipo tradicional y asistencialista, basada en el orden y la autoridad como aspectos indispensables para el crecimiento económico. Los pilares de su propuesta son la defensa de la familia, la promoción del matrimonio heterosexual, el énfasis en la autoridad patriarcal, así como la difusión de valores religiosos y morales. Las políticas sociales de esta visión conservadora consideran prioritario el mérito individual, lo que frecuentemente separa al individuo de su comunidad rompiendo los lazos de solidaridad. Su proyecto suele focalizarse en ayudas filantrópicas dirigidas a sectores sociales extremadamente vulnerables.
Ayudas que recuerdan a los limosneros en las escaleras de las Iglesias sobreviviendo dela caridad. Las derechas consideran que el Estado no debe intervenir de ninguna forma en la vida social, otorgando la mayor libertad posible al mercado. Esto hace que sus políticas sociales adopten formas excluyentes y discriminatorias.
Contrariamente, en una época marcada por la desigualdad social destacan las propuestas de política social vanguardistas instrumentadas por la Jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Clara Brugada Molina, quien coloca nuevamente en el centro del debate la idea fundamental de la ciudad como espacio de derechos y no como un territorio administrado con criterios de mercado. Ella expresa su preocupación por las periferias urbanas y los sectores históricamente excluidos del desarrollo social y económico de la capital. Su visión de política social no se limita a la asistencia gubernamental tradicional, sino que busca construir mecanismos de inclusión territorial, redistribución del espacio público y fortalecimiento del tejido comunitario. Uno de los elementos más innovadores ha sido la consolidación de las “Utopías” como complejos comunitarios diseñados para acercar los servicios públicos a las diferentes zonas de la ciudad, sumando, además, cultura, deporte, educación y recreación como expresiones de una política social integradora y de avanzada. Estas iniciativas parten de una concepción profundamente relevante: la calidad de vida no debe depender del nivel de ingresos ni del lugar de residencia.
Otro aspecto importante de las políticas sociales impulsadas por Clara Brugada es su énfasis sobre el cuidado como eje de gobierno. La creación de políticas para mujeres, personas adultas mayores, infancias y personas con discapacidad refleja una comprensión moderna de la desigualdad social. El reconocimiento del trabajo de cuidados como una dimensión central de la vida urbana implica entender que la justicia social no puede reducirse exclusivamente al ingreso económico, sino que también debe considerar tiempo, condiciones de vida y cargas de trabajo. A estas estrategias se agrega la reciente entrega de 4 mil créditos de vivienda y 500 escrituras a familias capitalinas como parte de una política que amplía el acceso a un patrimonio familiar digno. La importancia del proyecto de la Jefa de Gobierno CDMX radica en que transforma la lógica tradicional de la política social en un sentido universalista y profundamente democrático.