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• A veinte años, persiste memoria viva y reclamo de justicia
• Recuerdan represión de 2006 y rechazo al aeropuerto de Texcoco
• Gobierno actual privilegia diálogo frente a demandas sociales históricas
Juan R. Hernández
Ciudad de México.- A dos décadas de la represión que marcó la historia reciente del país, el pueblo de San Salvador Atenco volvió a reunirse, esta vez no frente a granaderos, sino junto a la presidenta Claudia Sheinbaum, quien encabezó un acto de memoria, justicia y restitución de tierras.

El ambiente fue distinto, pero la memoria intacta. Bajo el sol del mediodía, campesinos, ejidatarios y familias enteras escucharon el recuento de una lucha que comenzó en 2001, cuando se planteó la construcción del aeropuerto en Texcoco. “Era un absurdo ambiental, social y económico”, recordó la mandataria, quien en aquella época estaba como secretaria de Medio Ambiente capitalina, respaldó la resistencia de Atenco.
El punto de quiebre llegó en 2006. La represión, bajo un gobierno que —dijo— respondía a intereses de élites, dejó una herida abierta. “Nunca quisieron dialogar, gobernaban para unos cuantos”, enfatizó ante una plaza que asentía con la cabeza, recordando los días en que la fuerza pública sustituyó a la palabra.

Hoy, el giro es tangible. Como parte del Plan de Justicia, el gobierno federal devolvió 54 hectáreas al ejido de Atenco, destinadas nuevamente al cultivo. Milpas donde antes se proyectaban pistas. Tierra que regresa a quienes nunca dejaron de defenderla.
La escena tuvo otro momento revelador. En su trayecto al evento, la presidenta se topó con un bloqueo carretero. Lejos de ordenar un desalojo, optó por el diálogo. “Aquí no hay privilegios, o todos coludos o todos rabones”, relató. La vía se liberó tras acordar mesas de trabajo, reflejando —según dijo— una nueva forma de gobernar.
El contraste con el pasado fue constante. Donde hubo despojo, hoy hay restitución; donde imperó la represión, ahora se privilegia el entendimiento. Sheinbaum también evocó la consulta popular de 2018, en la que la ciudadanía decidió cancelar el proyecto en Texcoco y optar por el Aeropuerto Felipe Ángeles, mientras que la zona fue declarada área natural protegida.

Pero más allá de las decisiones de infraestructura, el mensaje fue político: la lucha de Atenco es símbolo de una transformación más amplia. “La soberanía dimana del pueblo”, recordó, enlazando la historia de Independencia, Reforma y Revolución con la llamada Cuarta Transformación.
Entre aplausos y consignas, el acto cerró con una promesa: no repetir el pasado. “Nunca más la represión al pueblo de México”, afirmó. En Atenco, veinte años después, la tierra no solo se pisa: se reivindica.