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PVEM, ¿al rescate? 

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Por Ana E. Rosete

En una ciudad donde la queja más recurrente no siempre es la falta de acción, sino la falta de respuesta, cualquier intento por acortar esa brecha merece, al menos, una mirada seria. Bajo esa lógica, el anuncio de “Guardianes Verdes” por parte del Partido Verde Ecologista de México en la capital, encabezado por Jesús Sesma, se inserta en un terreno que pocos partidos han sabido ocupar con consistencia: el acompañamiento ciudadano real.

No es menor el diagnóstico que plantea Sesma. En la Ciudad de México, el problema no siempre radica en la inexistencia de mecanismos institucionales, sino en su opacidad, lentitud o, peor aún, en el silencio administrativo. La ciudadanía denuncia, gestiona, insiste… y muchas veces no obtiene ni siquiera un acuse claro de recibo. Ahí es donde esta estrategia intenta posicionarse: no como solución mágica, sino como puente.

El planteamiento de “Guardianes Verdes” tiene un elemento interesante que lo distingue de otras estructuras partidistas tradicionales: no exige afiliación. En una época donde los partidos cargan con altos niveles de desconfianza, abrir la puerta a ciudadanos sin credencial partidista no solo es estratégico, sino necesario. La meta de 35 mil participantes suena ambiciosa, incluso optimista, pero también habla de una apuesta por territorializar el acompañamiento en alcaldías tan diversas como Cuauhtémoc, Iztapalapa o Xochimilco.

Ahora bien, conviene no perder de vista el equilibrio. El propio Sesma ha sido claro al señalar que no buscan sustituir al gobierno. Y ahí está el punto fino: si “Guardianes Verdes” logra mantenerse como un mecanismo de presión y seguimiento, sin caer en la simulación o en la gestión clientelar, podría convertirse en un modelo replicable. Si, en cambio, se desdibuja en protagonismos o en promesas que no le corresponden, el efecto sería contraproducente.

Hay otro acierto en el enfoque: entender que el ciudadano no solo exige soluciones inmediatas, sino certidumbre. Saber cuándo, cómo y si su problema será atendido. En política pública, la comunicación también es gestión, y en eso la administración capitalina, más allá de colores, ha quedado a deber en múltiples frentes.

El reto para el Verde no es menor. Pasar del anuncio a la operación efectiva, sostener una red de miles de “guardianes” y, sobre todo, traducir acompañamiento en resultados tangibles o, al menos, en respuestas verificables. Porque si algo ha demostrado la ciudadanía capitalina es que ya no compra discursos, pero sí reconoce cuando alguien le contesta.

“Guardianes Verdes” llega en un momento donde la política de cercanía ya no es discurso, sino exigencia. Falta ver si este experimento logra consolidarse como una herramienta útil o se queda en la larga lista de buenas intenciones que no lograron trascender. Por lo pronto, el enfoque, sin estridencias y con un objetivo acotado, parece ir en la dirección correcta.

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