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La gasolina

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Por Eduardo López Betancourt

Requiere subsidios millonarios

De repente, la gasolina, el diésel y otros combustibles incrementan su precio. Se señala como causa el conflicto bélico iniciado por Estados Unidos en Irán; el fenómeno puede resultar comprensible, pero quienes desconocemos las complejidades del mundo económico nos formulamos una pregunta inevitable: ¿por qué?, si somos un país petrolero, si contamos con refinerías propias, ¿qué justifica el encarecimiento de insumos tan vitales para la vida cotidiana?

Se afirma con precisión que es necesario financiar la gasolina y que, para mantenerla en un precio accesible, se requieren subsidios millonarios. Se sabe también que el barril supera los cien dólares, lo cual abre un planteamiento elemental: si los barriles que producimos aumentan de valor, recibimos mayores ingresos como nación productora, y esos recursos bien podrían canalizarse para evitar que el precio del combustible alcance niveles desorbitados.

Sin duda, las complejidades de la economía global no son sencillas de descifrar; sin embargo, la lógica más elemental indica que producir más petróleo a precios elevados significa mayor captación de divisas y que, por tanto, ese capital debería destinarse a contener la especulación internacional. Nuestro gobierno, con certeza, sopesará estas reflexiones, quizá rudimentarias, pero no por ello menos válidas. Afortunadamente, México posee una riqueza petrolera extraordinaria; se habla incluso del descubrimiento de nuevas zonas de explotación que nos acercan a la autosuficiencia energética y consolidan nuestra condición de nación exportadora.

En este ámbito tan estratégico, resulta imperativo acelerar el impulso hacia fuentes alternativas de la denominada energía limpia, en particular la eólica y la solar. Gozamos del privilegio de una irradiación solar constante y de vientos propicios en vastas regiones del territorio. En el mundo entero, la generación de energía mediante métodos sustentables se intensifica aceleradamente; México no puede rezagarse. Este sector exige un estímulo permanente a la iniciativa privada y, de manera paralela, obliga a reflexionar con seriedad sobre si Pemex ha llegado al ocaso de su ciclo histórico, una realidad dolorosa, pero innegable.

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