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Por Salvador Guerrero Chiprés
El regreso a clases
Nos vemos a la salida… y también a la entrada. La frase, empleada en un contexto escolar como un reto, tiene ahora un matiz distinto, el de la videovigilancia reforzada alrededor de las escuelas y la capacidad de visualizar lo ocurrido en las inmediaciones de los planteles.
En este retorno a clases, luego de las vacaciones de Semana Santa y de Pascua, la lista de útiles incluye cámaras vigilantes de cada paso de las y los alumnos desde la banqueta hasta el portón. Es la columna vertebral de una estrategia de cuidados donde la seguridad empieza en el trayecto.
Este año, la cobertura del C5 en el entorno escolar incrementó en 22 por ciento el número de cámaras y ya se cuenta con más de 26 mil equipos dedicados exclusivamente a vigilar estos espacios.
En las zonas de preescolar operan 7 mil 881 cámaras. En las primarias, el grueso de la red alcanza 13 mil 218 unidades, y en secundarias hay 5 mil 357. Esta gradación responde a una lógica de flujo peatonal y prevención de riesgos, donde el espacio público es entendido como extensión segura del hogar.
Reforzamiento y distribución insertadas en las instrucciones de la Jefa de Gobierno de la CDMX, Clara Brugada, de profundizar la seguridad en los entornos escolares a partir de estrategias como el Programa de Auxilio Escolar y el Gabinete de Seguridad Escolar.
La cámara, además de herramienta disuasiva y aporte de testimonios para documentar el delito, es instrumento de gestión del orden cotidiano. Si el entorno está vigilado, el acoso disminuye, el comercio informal se ordena y el narcomenudeo pierde sus puntos ciegos.
Al robustecer la vigilancia en los perímetros educativos se intervine directamente en la movilidad de las infancias y en la confianza en las instituciones. Esta robusta infraestructura tecnológica se convierte en el “otro útil escolar” para hacer de la escuela un lugar seguro.