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CÉSAR A. MUÑOZ
GRUPO CANTÓN
Ciudad de México.- En los últimos años, las cifras oficiales de la Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México evidencian un alza en las denuncias y carpetas de investigación, lo que refleja un incremento en los casos como un mayor problema en la sociedad. El maltrato animal en la Ciudad de México ha dejado de ser un tema aislado para convertirse en una problemática de creciente relevancia.

De acuerdo con datos obtenidos vía transparencia y difundidos por medios nacionales, entre 2020 y 2025 se registraron mil 562 carpetas de investigación por maltrato animal en la capital del país.
La evolución anual muestra un crecimiento constante: en 2020 se contabilizaron 243 casos; en 2021, 342; en 2022, 383; y en 2023 la cifra aumentó a 319. Esta tendencia continuó en 2024 con 275 carpetas, y en 2025 no hay números oficiales, lo que equivale a un promedio cercano a dos casos diarios.
El problema también tiene una dimensión territorial. Las alcaldías con mayor concentración de casos son Cuauhtémoc, Gustavo A. Madero y Iztapalapa que en conjunto acumulan más de un tercio de las denuncias registradas en la Ciudad.
A pesar de que el maltrato animal fue tipificado como delito en la capital y que incluso se ha avanzado en el reconocimiento de los animales como “seres sintientes”, el delito continúa siendo clasificado como de “bajo impacto” por las autoridades. Esta categorización limita la prioridad institucional que se le otorga y que, en muchos casos, contribuye a la lentitud en las investigaciones.
Casos recientes han puesto en evidencia las deficiencias en la atención de este problema. Situaciones como el abandono y muerte de animales en espacios públicos o las condiciones críticas encontradas en refugios han generado indignación.
El incremento en las denuncias puede interpretarse parcialmente como un avance en la conciencia ciudadana, la persistencia de prácticas de violencia hacia los animales en un entorno urbano que aún no logra erradicarlas.
Atender este problema requiere no solo de leyes más estrictas, sino de una transformación profunda en la cultura de respeto hacia los seres vivos.