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BJ, experiencia panista

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Por Ana E. Rosete

Aún con varios pendientes

En la Benito Juárez hay algo que, incluso en medio del ruido político, se percibe con claridad: continuidad. Y no es menor. Como vecina de la demarcación y observadora constante de la política capitalina, puedo decir que la administración de Luis Mendoza ha optado por una ruta conocida, pero no por ello inercial: mantener estándares que, en la práctica, siguen distinguiendo a la alcaldía del resto de la ciudad.

Caminar por sus calles sigue siendo, en términos generales, una experiencia distinta. El mantenimiento urbano, aunque no perfecto, es constante. Parques atendidos, luminarias funcionales en la mayoría de las colonias y servicios públicos que responden con mayor rapidez que en otras zonas de la capital. No es propaganda, es contraste. Y me ha tocado vivirlo de cerca.

Podrá haber opiniones distintas, pero al menos en la colonia donde yo vivo la gobernanza se nota.
Ahora bien, eso no significa que no existan pendientes. Los hay, y varios. La recolección de basura presenta intermitencias en algunas colonias, el crecimiento inmobiliario sigue generando tensiones vecinales y la movilidad, especialmente en horas pico, es un problema que no termina de resolverse. A ello se suma una percepción de saturación urbana que poco a poco comienza a inquietar a quienes han vivido aquí por años.

Sin embargo, lo relevante es cómo se gestionan esas deficiencias. La actual administración ha mostrado una disposición a corregir, a ajustar y, sobre todo, a no romper con un modelo que, con sus claroscuros, ha dado resultados, guste o no. En política, sostener también es gobernar.

La Benito Juárez no es ajena a la crítica, pero tampoco al reconocimiento. Y en ese equilibrio es donde se explica, en buena medida, su comportamiento electoral. Más allá de coyunturas, la alcaldía ha construido una identidad política que se mantiene firme: orden, servicios funcionales y una gestión que prioriza lo cotidiano. Eso, para muchos vecinos, pesa más que cualquier discurso.

Por eso no sorprende que, aun con áreas de oportunidad, la demarcación continúe siendo un bastión panista. No es solo una cuestión ideológica, sino de percepción de resultados. Aquí, el voto suele ser menos volátil porque responde a experiencias concretas.

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